Zakharova contra Iatcenko en Chennai: la que sabe crear frente a la que busca no perder el hilo
Chennai abre su última edición en el actual hueco del calendario, según contó Vijay Amritraj, y lo hace con un aire de despedida de fin de temporada. En la primera ronda se cruzan Anastasia Zakharova, séptima cabeza de serie y número 105 del ranking WTA, y Polina Iatcenko, 147 del mundo. Es un duelo de dos jugadoras que llegan con un otoño de luces intermitentes. La intriga es saber cuál de las dos convierte esos destellos en un partido entero.
Zakharova y los sets que se quedan a un paso
Las últimas semanas de Zakharova se parecen a una tarde de tormenta que nunca termina de descargar. En Guangzhou, el 27 de octubre, tuvo dos bolas de set en el tie-break inicial ante Magda Linette y no aprovechó ninguna. La propia WTA destacó la escapada de Linette, lo que dice bastante de la presión que había generado la rusa.
En Ningbo, una semana antes, la historia fue todavía más dolorosa: Marie Bouzkova salvó cuatro bolas de set en la primera manga y después tomó el control con más claridad. Y en Pekín, ante Belinda Bencic, Zakharova se recompuso de un mal arranque, llegó a mandar 4-2 en el segundo set y acabó perdiéndolo en el tie-break.
Conviene no confundir esa racha con la de una jugadora que no compite. Zakharova incomoda a rivales asentadas y fabrica oportunidades con regularidad. Lo que le falta es el último tramo, el momento de cerrar el set cuando ya lo tiene servido. Sería tentador hablar de nervios o de confianza dañada, pero nada de eso está documentado: lo que se ve es un patrón, no su causa.
Hay además un matiz que enfría el optimismo. En Guangzhou cayó en la fase previa ante Teodora Kostovic y entró en el cuadro como lucky loser, igual que en Ningbo. Esas segundas oportunidades le dieron partidos, no la prueba de que su regularidad haya mejorado. Llega sin lesiones conocidas y con Vladimir Zakharov como entrenador.
Iatcenko, entre el reinicio y la pendiente
El otoño de Polina Iatcenko apunta en direcciones distintas según la semana que se mire. En Samsun firmó su mejor tramo reciente, con victorias ante Suzan Lamens y Dalma Galfi, hasta que Lucrezia Stefanini la frenó. Fue un buen chaparrón de tenis que, de momento, no se ha convertido en temporada de lluvias.
Rovereto, el 12 de octubre, dejó la advertencia más clara. Empezó fuerte ante Harmony Tan, pero el partido se le fue escurriendo y el tramo final resultó claramente desequilibrado. El problema no fue físico, porque no hay constancia de ninguna molestia, sino la incapacidad para frenar la inercia cuando cambió de lado.
En la previa de Guangzhou mostró la otra cara. Perdió el control del set intermedio ante Alexandra Shubladze y se rehízo en el set decisivo, aunque después no pudo con Alevtina Ibragimova. La lectura es mixta: sabe reiniciarse dentro de un partido, pero todavía no encadena esa reacción con continuidad.
Su entrevista de septiembre ayuda a entender de dónde saca el aire en los momentos difíciles. Contó que durante la gira americana le costó encontrar un rumbo de trabajo con su equipo, hasta recuperar la sintonía con su entrenador, Ivan Kobzar: «Lo acepté y confié en el entrenador». Sobre su duro partido del US Open ante Renata Zarazúa explicó que quitarse el miedo a perder y pensar solo en el siguiente punto le devolvió la claridad táctica. Ese es un recurso probado, aunque nadie puede garantizar que hoy funcione igual.
También dejó un detalle curioso: en la Arthur Ashe le pesó más el tamaño del estadio que cualquier hostilidad de la grada. En Chennai la atención del público se concentra en las invitadas locales, así que ni ella ni Zakharova parecen tener la grada a favor ni en contra. Tampoco hay lesiones reportadas, aunque arrastra un largo bloque de torneos al final del curso.
Una pista lenta para dos tenistas que necesitan paciencia
El dato más fresco sobre las condiciones lo dio Panna Udvardy en el sorteo: una pista dura más lenta que las de las semanas anteriores. Añadió que los horarios más tardíos alivian el calor, y la previsión habla de humedad y lluvias intermitentes. Es un escenario que invita a construir el punto más que a buscar el golpe ganador desde una posición neutra.
Si esa lentitud se confirma, acelerar demasiado pronto puede salir caro, y quien sepa esperar la bola corta tendrá ventaja. La humedad también obliga a vigilar la recuperación entre peloteos largos.
Tampoco hay información fiable sobre enfrentamientos anteriores ni sobre una superioridad clara al saque o al resto. Ninguna viene de una previa en Chennai ni de una semana larga en Guangzhou, donde ambas se despidieron pronto y sin jugar dobles. La frescura real y la adaptación al clima son una incógnita.
El partido se resume en un cruce de preguntas. Para Zakharova, la clave es cerrar lo que crea: mantener su patrón de juego cuando el set está a su alcance. Para Iatcenko, es cómo responde justo después de perder un saque o un tramo difícil, porque ahí se ha visto tanto su mejor reacción como su peor deriva.
Confieso que no me atrevo a dar por hecho cuál de los dos defectos pesará más. Si Zakharova llega por fin a un set point y lo convierte, el partido puede aclararse pronto. Si vuelve a dejarlo escapar, Iatcenko tendrá la ocasión de demostrar que su receta del siguiente punto también sirve en Chennai.

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