Lehecka y Vacherot, revancha de Tokio con el título de Basilea en juego
La Swiss Indoors de Basilea llega a su último día con una final que pocos habían dibujado al empezar la semana. Jiri Lehecka, octavo cabeza de serie y 21 del ranking ATP, se mide a Valentin Vacherot, 31 del mundo, en pista cubierta y rápida. Ya se vieron hace menos de un mes en Tokio, y aquello fue de Lehecka. La intriga está en saber si este Vacherot de Basilea es el mismo jugador.
Lehecka y la bola de partido que le devolvió el tenis
Lehecka ha llegado a la final de la manera más incómoda posible. En la semifinal, Jan-Lennard Struff le castigó desde el resto y con golpes planos y directos, y el checo no encontraba sitio en los peloteos ni le hacía daño al saque. Durante un buen rato, el partido tuvo un solo dueño, y no era él.
Todo cambió al final del segundo set. Lehecka salvó una bola de partido sacando para seguir vivo, firmó después un juego al resto mucho más agresivo y se llevó esa inercia al set decisivo. Desde ahí protegió la ventaja sin conceder a Struff otra ocasión seria, con el saque como ancla más que con un dominio sostenido desde el fondo.
Él mismo lo contó sin adornos: «Lo estaba pasando mal, pero en ese momento cambió y empecé a jugar muy bien». Es la confesión de quien se salvó a tiempo, no de quien pasó una tarde cómoda. La resiliencia convence; la puntería de los primeros juegos, bastante menos.
El cuarto de final ante Kym fue mucho más limpio. Kym venía de eliminar a Shelton y tenía al público de su parte, pero Lehecka resistió el primer empujón, salió de un apuro temprano con su saque y apretó enseguida al resto. Ubitennis destacó su solidez en los momentos decisivos, mientras las ocasiones de Kym se iban apagando.
Antes había superado a Wawrinka en un ambiente de despedida muy cargado, sin dejarse arrastrar por la emoción del adiós. Ante Altmaier el partido también fue apretado hasta que llegaron las oportunidades tardías. Fueron victorias de cabeza fría más que exhibiciones.
Su recorrido reciente ayuda a entender el momento. En Tokio derrotó a Vacherot en semifinales variando ritmos, moviéndole de lado a lado y eligiendo bien cuándo acelerar con la derecha. En la final cayó en dos sets ante Alcaraz: llegó a tener buena posición en el tie-break del primero, y la rotura del segundo vino de una subida a la red que acabó en passing.
En Bruselas, en cambio, parecía tener controlado a Griekspoor hasta que un despiste al saque a finales del segundo set le cambió el partido, y en el decisivo no aprovechó sus ocasiones al resto. Basilea ha sido lo contrario: esta vez fue él quien sobrevivió al momento crítico.
Su entrenador mental, Vít Schlesinger, que trabaja en paralelo a los objetivos del técnico Frédéric Fontang, describió en octubre la tarea pendiente: «Ser capaz de funcionar cuando las cosas no van bien». La remontada ante Struff encaja con esa idea, aunque atribuírsela al trabajo mental sería ir demasiado lejos. Lehecka sigue buscando su primer título de la temporada, y sus finales perdidas este año fueron contra Sinner y Alcaraz, que no es poca excusa.
No se han publicado molestias físicas. Eso sí, la semifinal le exigió un esfuerzo largo después de una semana más económica, y terminó más tarde que su rival.
Vacherot, el que siempre encuentra el camino de vuelta
Vacherot no ha paseado por el cuadro. Sus rivales le han amenazado el saque, le han quitado la iniciativa y alguno ha visto muy cerca la meta. Lo que llama la atención es lo poco que le dura el mal tiempo: el sol vuelve a salir casi siempre antes del final del set.
Ante Navone, el primer saque le dio una base fiable, pero no consiguió despegarse. En el segundo set tuvo que salvar presión de set en contra antes de mandar en el tie-break. Fue un debut de carácter, todavía sin todo el juego fluyendo.
Contra Jodar llegó su prueba más dura. Jodar fue mejor tras el primer set y entró lanzado en el decisivo, pero Vacherot recuperó de inmediato la rotura inicial, salió de otro juego de saque delicado y remontó una desventaja tardía en el tie-break final. No esperó un regalo al final: le cortó el impulso a Jodar una y otra vez.
Con Rune repitió el guion. El danés tomó el mando al comienzo del segundo set, Vacherot reconstruyó su saque y encontró la rotura decisiva en el tercero. Conviene matizar que Rune todavía está recuperando ritmo tras su regreso al circuito, así que fue un examen de concentración más que un duelo con su mejor versión.
Ante Fritz firmó su partido más completo. Cedió una rotura de ventaja, se vio por detrás en el primer tie-break y lo ganó jugando mejor los puntos finales. Después salvó una amenaza con su saque al inicio del segundo set y esperó con paciencia su rotura tardía, con el saque abriendo la pista y las subidas a la red cerrando los puntos.
Las semanas anteriores dejaron dudas que siguen vigentes. En Shanghái, Tommy Paul le obligó a pegar siempre una bola más, devolvió muchísimos restos y le leyó los patrones de derecha; Vacherot no supo mantener el ataque una vez neutralizado el primer golpe. En Lyon arrolló al principio a Van Assche y luego se le multiplicaron los errores no forzados hasta perder el control.
Por eso Basilea tiene más valor: perder un tramo del partido ya no le hunde. Tras ganar a Fritz lo resumió así: «Tengo muchísima más confianza», y habló de mejoras al saque, al resto y en la lectura desde el fondo, porque ahora puede «pegar muchos más golpes que antes». Es su primera final de la temporada, con Benjamin Balleret todavía al frente de su equipo.
Tampoco hay lesiones conocidas. Su semifinal fue más corta que los maratones ante Jodar y Rune, y terminó antes que Lehecka. Eso le da algo más de descanso, pero no basta para decir que llega más fresco.
El resto de Lehecka contra el saque y la red de Vacherot
Tokio dejó una pista clara. Lehecka dijo entonces que la diferencia fue su resto: «Mis restos fueron consistentes», y atacó especialmente bien el segundo saque de Vacherot. Luego, en el peloteo, cambió ritmos y direcciones en lugar de golpear siempre la misma bola fuerte.
De ahí sale el primer reto de Vacherot: no le basta con sacar fuerte, necesita colocación y variedad para que Lehecka no empiece los puntos de resto atacando. El de Lehecka es repetir aquella construcción paciente y no la precipitación con la que empezó ante Struff. Quien imponga su primer golpe tras el saque tendrá media tarde ganada.
La red es el segundo frente. Ante Fritz, subir le sirvió a Vacherot para no entrar en peloteos largos, pero en Tokio Lehecka le respondió con passings una y otra vez. Aquí importará menos cuántas veces suba que la calidad de la aproximación y el equilibrio de quien tenga que pasarle.
Cada uno tiene además una grieta reciente a la vista. Struff demostró que Lehecka sufre cuando le restan agresivo y le quitan tiempo desde el primer golpe; Paul, que Vacherot se apaga cuando le obligan a construir otro ataque. Ninguna de las dos debilidades los convierte en vulnerables en cualquier intercambio largo.
Las condiciones también juegan. Ubitennis subraya que la pista de Basilea es relativamente rápida, una diferencia real respecto a Tokio que podría favorecer al sacador que llegue con la mano caliente. Y los finales de set pesan: Vacherot ha remontado tie-breaks toda la semana, mientras Lehecka cambió su semifinal tras salvar una bola de partido.
Ninguno de los dos juega en casa. Lehecka ya ha superado los dos ambientes más cargados del torneo, la despedida de Wawrinka y la semana soñada de Kym, aunque hacia dónde se inclinará la grada en la final es pura especulación. En lo físico, Lehecka carga con la semifinal más dura y Vacherot con el camino más enrevesado hasta ella.
Confieso que me cuesta elegir el relato favorito. Lehecka tiene el recuerdo fresco de haber controlado este duelo; Vacherot llega con pruebas recientes de que su saque, su red y su temple funcionan en Basilea. Probablemente todo se decida en los primeros juegos: si Lehecka sale afinado al resto o si vuelve a necesitar un set de rodaje.

Yo no tengo prisa. El botón tampoco.










