Zverev y Khachanov, dos confianzas que llegaron por caminos opuestos
Hay semifinales que se explican por la temporada y otras que solo se entienden por la quincena. Esta es de las segundas. Alexander Zverev, primer cabeza de serie, llegó a Nueva York sin ritmo en la gira americana y estuvo a dos puntos de quedarse fuera en la primera ronda; Karen Khachanov aterrizó sin una sola victoria en el tramo previo y con una derrota ante Bernard Tomic en Los Cabos todavía pegada a la raqueta. Dos semanas después, los dos están a un partido de la final del US Open, y ninguno de los dos llegó aquí por la puerta que se esperaba. La intriga es sencilla de enunciar y difícil de resolver: quién manda en el centro de la pista cuando ambos quieren exactamente lo mismo.
El alemán que se fue encontrando a sí mismo por el camino largo
Zverev llegó reconociéndolo sin rodeos: «No lo he hecho en los dos últimos torneos». En Montreal, Griekspoor se metió dentro de la pista y le castigó con la derecha después de que el alemán ganara el primer set; en Cincinnati desperdició un punto de partido ante Tommy Paul y se fue diluyendo tras las interrupciones por lluvia. El diagnóstico previo era el de un jugador capaz de construir posiciones ganadoras e incapaz de rematarlas.
Sus dos primeras rondas aquí fueron pura supervivencia. Contra Sonego perdió un punto de set en el tie-break del tercero, vio al italiano llegar a dos puntos del partido en el cuarto y solo respiró cuando el rival cometió una doble falta en un punto de rotura a mitad del quinto. Ante Halys volvió a estirar el partido a la distancia máxima, con el saque irregular y un revés sin su autoridad habitual. Casi diez horas en pista entre los dos encuentros, y una lectura suya que dice mucho de su ánimo: aquel maratón fue «exactamente el partido que necesitaba».
Desde ahí, la curva sube. Contra Tabilo arrancó agresivo, se apagó al ponerse por delante en el segundo set —bajó el ritmo de sus golpes y tuvo que salvar dos puntos de set— y luego recuperó la profundidad en lugar de esperar el error ajeno. Ante Darderi firmó su mejor partido hasta entonces: controló dos sets con golpes pesados, aguantó el subidón de velocidad del italiano en el tercero y gestionó el tie-break decisivo. «Comparado con los dos primeros partidos, el nivel ha ido subiendo», resumió, y por una vez la frase coincide con lo visto.
Los cuartos ante Van de Zandschulp fueron cómodos sin ser brillantes, con un rival lastrado por dos partidos consecutivos a cinco sets. El detalle relevante no es el marcador, sino que su suelo desde el fondo ha subido: la derecha vuelve a ser un golpe que manda y el revés ha recuperado su estabilidad de siempre. No hay lesiones. Sí hay una advertencia que él mismo ha puesto sobre la mesa: «La confianza es increíblemente importante, pero también puede desaparecer muy rápido».
Khachanov y el verano que parecía perdido
El ruso venía de un tramo americano sin victorias y de una derrota plana ante Tomic. Su explicación no apela a la suerte: «La gira americana no me fue bien, así que estuve entrenando, entrenando». Lo que se ve en Nueva York parece el efecto retardado de ese trabajo más que un golpe de calor competitivo.
La primera señal seria fue la segunda ronda ante Auger-Aliassime. Empezó por detrás, recuperó la rotura, perdió el primer set en el tie-break con un resto pasado de rosca y a partir del inicio del segundo no volvió a ir por detrás en el marcador. Conviene matizarlo: el canadiense reveló después que sufrió mareos y problemas de visión desde mitad de partido. Aun así, Khachanov ya había enderezado el rumbo antes, y él lo vivió como lo que fue, un desahogo: dijo que lo importante era haber «sobrevivido».
La prueba de verdad llegó contra Learner Tien. Iba por delante en el tie-break del tercero y falló un revés a pista abierta que le habría dado varias bolas de set; Tien se llevó la manga y el estadio. Khachanov arrancó el cuarto sin dejarle asentarse, encajó una rotura temprana en el quinto y devolvió el golpe de inmediato, y salvó puntos de rotura cuando el joven volvió a apretar. No fue tenis de fuerza bruta: fue aceptar un error caro y no repetirlo mentalmente, algo que en Nueva York le había costado la vida en otros cinco sets.
Los cuartos ante Blockx le dieron descanso y poca información. Rompió dos veces en el primer set, volvió a romper tarde en el segundo y terminó con el abandono de un rival que pedía asistencia por varias zonas. «Sentía que estaba dominando desde el principio», dijo, con las celebraciones bajadas de volumen. No arrastra lesiones, terminó antes que Zverev y no tuvo que defender una ventaja a distancia completa ante un rival sano: ventaja física, evidencia incompleta.
Quién se queda con el corredor central
Los dos son altos, los dos pegan primero y los dos quieren lo mismo: posición de pista detrás del saque y profundidad para mandar. Zverev espera que el partido se decida en el fondo y promete ser más agresivo; Khachanov lo formula con más detalle: «Tomar el control en el centro, dictar el juego, pero sin precipitarse». Ese matiz final es la clave de su plan, porque intercambiar cruzados a velocidad constante con Zverev es entrar en el terreno donde el alemán se encuentra más cómodo.
El patrón más fiable para Zverev es el revés cruzado profundo, ese corredor que deja a Khachanov sin espacio para montar su derecha. El ruso busca justo lo contrario: usar la derecha —el golpe que le ha acortado los puntos todo el torneo, «desatada» en cuartos— para moverlo en lateral antes de que encuentre el ritmo con el revés. Y ahí aparece el riesgo histórico de Zverev en esta quincena: la pasividad después de ponerse por delante, como ante Sonego y Tabilo. Khachanov castiga eso mucho más rápido que un chileno con la bola corta.
El resto puede ser el detalle que lo decida. Khachanov ha señalado el resto de Zverev como su mayor problema: la envergadura del alemán le permite devolver profundo y robarle al servidor la primera derecha. Eso obliga al ruso a jugar con colocación y variación, no solo con velocidad. En el otro sentido, Zverev lleva semanas convirtiendo el primer golpe tras el saque en control inmediato, así que los segundos saques blandos de cualquiera de los dos serán probablemente la vía de entrada más clara a los juegos al resto.
Sobre el cemento de Nueva York, la previsión razonable es un partido de dos ritmos: muchos puntos cortos con saque y, cuando se llega al peloteo neutro, ninguno fácil de atravesar. Khachanov ya ha dicho que necesitará cambiar el ritmo —golpe paralelo antes de tiempo, alguna subida a la red, variación de altura— porque si mantiene la bola en pista a la misma velocidad, los peloteos se alargan y eso favorece a Zverev. El primer set ajustado será el examen: si manda el aplomo de un Zverev ya campeón de Roland Garros o la resiliencia recién estrenada de un Khachanov que se sobrepuso a su propio error ante Tien.
Quedan dos apuntes de contexto. El historial no está cerrado psicológicamente: Khachanov ha recordado en rueda de prensa su victoria del año pasado en Canadá, valiosa precisamente porque llegó tras varias derrotas ante el alemán. Y ninguno tendrá al público de su lado por bandera: la Ashe irá detrás del drama, y el ruso ya demostró ante Tien que sabe callar un estadio hostil. La duda honesta es esta: nadie ha visto a ninguno de los dos rendir al máximo contra un rival entero en la segunda semana, porque Zverev se midió a un jugador agotado y Khachanov a uno lesionado.

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