Berrettini y Humbert en París: dos supervivientes buscan dejar los nervios atrás
El Rolex Paris Masters llega a la segunda ronda con un cruce entre dos jugadores que salieron de su estreno con el pulso todavía acelerado. Matteo Berrettini, 43 del ranking ATP, y Ugo Humbert, 38, sobrevivieron a partidos largos y tensos en la pista cubierta de París. Ninguno de los dos tiene dudas sobre lo que sabe hacer en sus buenos ratos. La intriga está en quién aguanta mejor cuando el plan se tuerce.
Berrettini, el hombre que esta vez no perdió la calma
Ante Brandon Nakashima, Berrettini empezó por delante, sufrió un bajón breve que permitió volver a su rival y sostuvo el saque durante un set decisivo muy igualado. Ganó 7-6 en el tercero y en ese tie-break salvó dos bolas de partido. Conviene decir también que el resto que le dio la victoria tuvo su parte de fortuna, y que el marcador final no refleja una superioridad clara de principio a fin.
La crónica de Sky habló de un partido de mucho nivel, dominado durante largos tramos por juegos al saque cómodos para los dos. El bache de Berrettini fue un pasaje corto y no un derrumbe lento, y eso cuenta. Él mismo lo resumió sin exagerar: «Me sentí bien, pero las condiciones son muy rápidas». Y añadió: «Hice bien en no perder la compostura en los momentos importantes».
Esa frase tiene historia detrás, porque su otoño ha sido un vaivén. En Tokio remontó ante Alejandro Davidovich Fokina tras un mal arranque, pero en el siguiente partido, contra Adolfo Daniel Vallejo, desperdició ocasiones de set, perdió el primer tie-break y se apagó. Ubitennis señaló el golpe psicológico de aquel primer set perdido, aunque físicamente lo había visto bien.
Shanghái repitió el guion por partida doble. Primero reaccionó de forma ejemplar tras ceder el primer set ante Aleksandar Kovacevic. Luego cayó ante Nakashima entre ocasiones perdidas, errores en los puntos importantes y una doble falta tardía. Por eso la revancha de París contra el mismo rival pesa más que una victoria cualquiera.
Lyon y Viena dejaron señales parecidas. Ante Kyrian Jacquet sacó bien, fue valiente al resto y molestó con el revés cortado, pero no aprovechó sus oportunidades y ese revés se volvió más frágil con el paso de los juegos. En Viena firmó un partido serio ante Tomás Martín Etcheverry, apoyado en el saque y la derecha. El pase ante Flavio Cobolli, en cambio, dice poco, porque Cobolli se retiró pronto por un problema físico.
Contra Alex de Minaur llegó a tener una bola de set en el primero, pero no la convirtió y perdió el tie-break. Después volvió a generar una ocasión al resto antes de encadenar errores de derecha, una mala lectura y un remate fallado en la rotura que decidió el partido. El problema no ha sido competir al principio, sino mantener la puntería después de un disgusto.
En lo físico no consta ninguna lesión en la cobertura de París, y su «me sentí bien» es el dato más reciente. Sí arrastra una larga serie de semanas seguidas entre la gira asiática y los torneos europeos en pista cubierta, y ahora vuelve a competir al día siguiente de un partido exigente. Hay carga acumulada, aunque nadie ha hablado de agotamiento.
Tampoco le faltan motivos. Con la victoria ante Nakashima completó su colección de Masters 1000 con al menos un triunfo en cuadro final, y se quitó una espina que tenía clavada en París. Además, se quedó fuera de la primera convocatoria de Copa Davis, y el capitán Filippo Volandri avisó de que las próximas semanas serán decisivas para valorar el estado de cada jugador.
Humbert, un saque que tardó en calentar y un público que no se fue a casa
El estreno de Humbert ante Botic van de Zandschulp empezó con niebla. En el primer set rompió y le rompieron varias veces, y en el tie-break se salvó de una desventaja considerable. En el segundo fue ganando peso en los peloteos, pero no supo cerrar pronto y desperdició ocasiones de ganar el partido en otro tie-break.
Lo mejor llegó después de ese tropiezo. Humbert se adelantó pronto en el set decisivo, ganó seguridad con el saque y cerró sin que el partido se le volviera a escapar. La crónica apunta también que a Van de Zandschulp le faltó respuesta física y mental al final, así que el mérito de la estabilidad es compartido con el desgaste del rival.
Él mismo fue muy honesto con su nivel: «No estaba jugando muy bien y fue mejorando cada vez más». Y sobre la grada, que aguantó hasta pasada la medianoche: «El público me ayudó muchísimo». Explicó que en un recinto cubierto ese apoyo resuena con fuerza y que ganar en este torneo significa mucho para él. Para alguien que reconstruye la confianza, ese empujón no es un adorno.
Hay un matiz curioso: Humbert contó que era la primera vez que jugaba en este recinto, aunque el ambiente conserva el carácter de siempre del torneo. Lo que le resulta familiar es el torneo y su gente, no la pista donde se juega.
Basilea dejó un largo rato de buen tenis. Ante Novak Djokovic se llevó el primer set con un saque eficaz y mucho juego de ataque, aunque también con una carga de errores notable. Es el retrato de Humbert estos días: golpes peligrosos sin el control suficiente para sostenerlos. En el segundo set desaprovechó ocasiones al resto, perdió su saque y Djokovic acabó imponiéndose en los momentos importantes.
Aquel partido trajo además una preocupación física. Humbert pidió atención médica por molestias en la zona lumbar de la espalda y recibió tratamiento del fisioterapeuta. Terminar el partido en París y mejorar al final son buenas señales, y las crónicas no hablan de nuevo tratamiento. Aun así, nadie ha confirmado que la molestia esté completamente resuelta.
El resto de su octubre ha sido de luces que no se sostienen. En Tokio asfixió a Nakashima con presión constante al resto, pero ante Jiri Lehecka, tras un buen primer set, fue el checo quien tomó la iniciativa en los puntos clave. En Lyon remontó un mal inicio ante Corentin Moutet, pero no logró rematar la remontada pese a que su rival sufría calambres.
La primera bola tras el saque, el revés y el siguiente bache
El punto de partida del partido es la combinación de saque y derecha de Berrettini. En su estreno, ese primer golpe tras el saque impidió que Nakashima construyera presión al resto. Humbert no puede limitarse a devolver la bola: tiene que obligarle a jugar un primer golpe incómodo que rompa la secuencia.
La zurda de Humbert pone el foco en el revés de Berrettini. Ese cortado bajo puede ser un buen recurso para neutralizar o el rincón donde quede atrapado, y Lyon dio ejemplos de las dos cosas. Más que contar errores de revés, lo importante será si Berrettini encuentra a tiempo la derecha para salir de esos intercambios.
El arranque de Humbert también pesa. En París empezó con un saque inestable y terminó con un control mucho más firme. Si sale con la versión del final, el partido cambia de cara. Si repite los nervios del principio, quedará expuesto a la presión antes de que su ataque se asiente.
Las condiciones juegan a favor de los márgenes pequeños. Berrettini las describió como muy rápidas, aunque lo dijo tras jugar en la pista 2 y no está claro que cualquier otra pista asignada vaya igual. Con este suelo, la profundidad del resto, la primera bola jugable y la calma tras una ocasión perdida valen oro.
Los tie-breaks asoman en el horizonte, pero no regalan ventaja a ninguno. Berrettini acaba de resistir con bolas de partido en contra, aunque este otoño también se le escaparon sets que tenía en la mano. Humbert firmó en su estreno una remontada en un tie-break y desperdició otro. Tampoco hay ninguna declaración reciente que convierta sus duelos anteriores en una ventaja psicológica.
La agenda se reparte el cansancio de forma curiosa. Humbert jugó el partido más largo, el lunes y terminando de madrugada, mientras que Berrettini jugó el martes y tiene menos tiempo para recuperarse. Ninguno llega fresco del todo, y ninguno llega claramente más castigado.
Al final, los dos llegan con la misma pregunta. Ambos demostraron en su estreno una entereza que en otoño les había faltado a ratos. Con el saque mandando y pocas ocasiones para reparar un despiste, ganará quien conserve esa calma en el siguiente momento difícil. Si el público de París sostendrá a Humbert o la serenidad recién estrenada de Berrettini aguantará otro día, es algo que no me atrevo a asegurar.

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