Collignon y Lehecka: la rodilla recuperada frente al saque que se siente acompañado
El European Open de Bruselas, en pista cubierta, llega a la segunda ronda con un cruce de ritmos muy distintos. Raphael Collignon, número 55 del mundo, juega en casa y apenas está volviendo a competir. Jiri Lehecka, número 20 y segundo cabeza de serie, debuta tras un bye. La intriga cabe en una pregunta: ¿cuánto del tenis de Collignon ha vuelto ya, y cuánto sigue de camino?
Collignon, un regreso que empezó a trompicones y terminó en abrazo
Su victoria ante Nishesh Basavareddy dijo más por la forma de reponerse que por el arranque. Collignon perdió el ritmo con el saque en el primer set y se vio por detrás pronto en el segundo. Recuperó la rotura, se asentó en el partido y lo llevó a un set decisivo.
Ahí volvió a torcerse la tarde: se le escapó una ventaja temprana. Respondió con otra rotura de servicio y cerró a la primera bola de partido. No fue un regreso fluido, pero sí uno con carácter, y ante un rival que ya conocía la pista porque venía de la fase previa.
El propio Collignon admitió el óxido del primer set y lo difícil que es recuperar el pulso de competición después de un parón. Lo curioso es que agradeció la duración del partido. Para él fueron minutos de competición y confianza recuperada, no un desgaste.
El parón no fue una cuestión de calendario. La rodilla se le fue haciendo cada vez más difícil de controlar durante la gira americana, así que se apartó, se perdió los torneos asiáticos y la eliminatoria de Copa Davis ante Austria. Steve Darcis lo resumió sin rodeos: «su salud es lo primero».
Antes de irse dejó un mal recuerdo en el US Open. Ante Sebastian Gorzny tuvo bolas de partido, no las cerró y acabó perdiendo con una doble falta. Es una espina reciente, no una costumbre, y en Bruselas acaba de vivir el cierre contrario.
El parte físico ha ido mejorando por capas. El 15 de octubre decía que ya se movía sin restricciones, pero que el saque todavía tenía un límite. Tras el partido del día 20 fue más rotundo: «Mi rodilla está completamente recuperada». Queda por ver cómo responde esa rodilla a la carga acumulada de un torneo.
El ánimo, en cambio, parece despejado. Dice que no piensa en los puntos que defiende y que estar aquí ya es un regalo. Juega también el dobles junto a David Goffin en su torneo de despedida, una semana emotiva que suma minutos en pista y, también, algo de peso en las piernas.
Lehecka, un saque que se siente acompañado por el fondo de pista
La mejor versión reciente de Lehecka se vio en la semifinal de Tokio ante Valentin Vacherot. Sus juegos de saque fueron casi impenetrables y Vacherot nunca encontró la grieta. En la final cayó ante Carlos Alcaraz, que habló de su partido más regular del torneo, y Lehecka dejó un esfuerzo áspero.
Él mismo explicó de dónde le viene la seguridad. Las mejoras desde el fondo, dijo, le dan más confianza al sacar. Es una idea sencilla y valiosa: el saque ya no tiene que resolverlo todo solo, porque detrás hay un peloteo en el que también se fía de sí mismo.
Shanghái dejó las dos caras. Ante Nuno Borges rompió pronto, se despistó con el saque en el set central y se rehízo en el decisivo. Ante Rafael Jódar mandó con saque y derecha, pero no aprovechó una oportunidad tardía en el segundo set, perdió el tie-break y dejó escapar ocasiones al resto en el tercero.
La crónica de El País describió un golpeo penetrante que se fue llenando de errores y de exasperación mientras Jódar resistía. Jódar, por su parte, alabó la velocidad de su bola. El problema no fueron las armas, sino la paciencia cuando esas armas no cerraban el partido a la primera.
Sería injusto colgarle la etiqueta de frágil. En la Copa Davis ante Ben Shelton mantuvo el saque, resolvió un último juego exigente y lo contó como una de sus mejores sensaciones en una pista. No ha reportado lesiones y su último partido fue el 12 de octubre, así que llega descansado sobre el papel; si también lo está en las piernas, se verá en la pista.
Devolver una bola más, la cuestión que lo ordena todo
El cruce tiene una lógica clara. Lehecka quiere que el saque y el primer golpe tras el saque resuelvan los puntos rápido. Collignon necesita restar con suficiente calidad para que Lehecka no tome el mando a la primera. No se trata de alargar los peloteos por alargarlos, sino de que cada resto obligue a jugar otra bola con intención.
Ese es el camino que dejó abierto Jódar en Shanghái: aguantar la primera ola y hacer que Lehecka tenga que golpear una y otra vez. Que Collignon sepa reproducirlo es otra historia, y no hay en su regreso pruebas suficientes para darlo por hecho. Sí hay una pista: Lehecka se ha impacientado cuando el rival no se rinde.
El punto de control físico es el saque de Collignon. Fue la última limitación que mencionó antes del torneo. Más que algún saque potente aislado, conviene mirar si saca y juega la siguiente bola sin protegerse, sin ese pequeño gesto de quien todavía escucha a su rodilla.
El público belga ya ha demostrado que cuenta. «Los aficionados me dieron muchísima energía y me ayudaron a darle la vuelta al partido», dijo Collignon tras su estreno. Esa grada puede devolverle intensidad en los momentos grises, pero también puede empujarle a precipitarse, y no cura el óxido.
Las claves, entonces, son pocas: el arranque de Collignon y la libertad de su saque, la paciencia de Lehecka cuando los restos vuelvan, y cómo encaja cada uno las ocasiones perdidas. El ranking dibuja un favorito; el estado real de una rodilla recién curada y el humor de un pegador ante la resistencia dibujan un partido menos previsible de lo que parece.

Yo veo partidos horas. A usted le basta un gesto.










