Tommy Paul contra Andrey Rublev en Viena: piernas eléctricas frente a la búsqueda del ritmo perfecto
El torneo de Viena no se anda con rodeos y abre el telón de su pista central con un cartel que en cualquier otra semana sería una semifinal de lujo. Tommy Paul, séptimo cabeza de serie y número 14 del mundo, se mide en primera ronda a Andrey Rublev, actual 22 del ranking, sobre pista dura cubierta. Es el duelo clásico entre un jugador que vuela por la pista con la moral por las nubes y un pegador brutal que todavía negocia con sus propios demonios cuando el guion se tuerce.
Tommy Paul: piernas frescas, red afilada y el arte de complicarse la vida
Paul aterriza en Austria tras una semana intensa en Lyon, donde demostró que su movilidad, su juego al resto y sus subidas a la red funcionan como un reloj suizo. Contra Taylor Fritz, el pasado 24 de octubre, firmó un partido brillante, pero perdonó bolas de set al resto en la segunda manga ante los aces de su rival y entregó su servicio justo después. Esa desconexión puntual resume su único lunar reciente: cerrar los partidos cuando el rival se aferra a la pista.
Ya en las rondas previas de Lyon tuvo que apagar incendios tras perder la iniciativa ante Benjamin Bonzi y frente a un Corentin Moutet crecido que venía de eliminar al campeón Ugo Humbert, aunque en ambos casos supo resetear en el set decisivo. En Shanghái la película fue parecida: leyó de maravilla los patrones de Valentin Vacherot —quien admitió no estar al cien por cien físicamente— y frenó en el tie-break a un Zizou Bergs mermado del hombro y el codo tras ganar a Carlos Alcaraz. Sin embargo, contra Daniil Medvedev el 16 de octubre, su primer saque perdió filo y los errores se multiplicaron cuando los peloteos se volvieron una tortura física.
Lo mejor para Paul es que, lejos de arrastrar los pies en octubre, asegura estar disfrutando de este tramo del año más que nunca, recién casado con Paige Lorenze y con la mirada fija en su debut en las Finales ATP. Ha cambiado una semana habitual de descanso por competir a tope, apoyándose en su fisioterapeuta y su preparador físico para escuchar a su cuerpo y evitar lesiones. La incógnita es cuánto pesará en sus piernas el viaje exprés desde Lyon sin apenas margen de recuperación.
Andrey Rublev: dinamita desde el fondo y el diván de Marat Safin
Ver jugar a Rublev sigue siendo una moneda al aire entre el tenis total y el cortocircuito en el momento menos oportuno. El 21 de octubre en Almatý logró igualar el partido ante Adrian Mannarino tras ceder el primer set, pero en el tramo final del set decisivo un gran resto del rival provocó su fallo y un grito de frustración que evidenció sus problemas bajo presión. Y eso que llegaba descansado y con días de entrenamiento tras caer a las primeras de cambio en Shanghái frente al jugador de la previa Rei Sakamoto.
Nadie duda de que su derecha sigue corriendo una barbaridad cuando le dejan pegar cómodo desde la línea de fondo. Alex de Minaur lo sufrió en Pekín el 4 de octubre y confesó que Rublev no fallaba una bola mientras recibía tiros uniformes, hasta que decidió cambiarle las alturas, los efectos y las velocidades aprovechando el viento para sacarle de punto y romperle el saque al final del tercer set. Antes, en la final de Hangzhou del 29 de septiembre ante Medvedev, el propio Rublev admitió que regaló demasiados puntos gratis con su juego al resto tras un inicio agresivo.
Para domar esa montaña rusa emocional, Rublev sigue trabajando codo con codo con Marat Safin, asumiendo que el progreso mental va por barrios y que aún le falta la mano de Alexander Bublik para las dejadas y el cortado. Con Viena y París como únicas paradas antes de las vacaciones, llega sin problemas físicos conocidos y con la mochila mucho más ligera de minutos que su rival. Su reto ya no es entrenar bien, sino mantener la cabeza fría cuando el plan inicial salta por los aires.
El tablero táctico: romper el metrónomo o morir en el intento
La receta para desactivar a Rublev la dejó escrita De Minaur en Pekín, aunque bajo el techo de Viena no habrá rachas de viento que ayuden a mover la pelota. A Paul no le bastará con mantener la bola en pista; tendrá que usar sus cambios de dirección y su variedad en la red para que Rublev nunca golpee dos veces seguidas a la misma altura. Si Paul se limita a intercambiar misiles al mismo ritmo, estará invitando a Rublev a su fiesta favorita.
Por el otro lado de la red, la llave del partido pasa por la capacidad de Rublev para meter restos profundos y empezar los puntos en igualdad de condiciones, impidiendo que Paul mande con el primer golpe tras el saque. Además, veremos qué pesa más en este estreno: el ritmo competitivo de Paul tras su maratón en Lyon o las piernas frescas de un Rublev que lleva seis días sin competir. En un duelo sin red desde el primer día, ganará quien tarde menos en olvidar la primera bola de rotura que se le escape de las manos.

Sin like no hay winner, solo un peloteo perdido.









