Rune y Collignon, dos regresos que se cruzan bajo techo en Bruselas
El European Open de Bruselas abre su cuadro en pista cubierta con un partido que parece una cita entre convalecientes. Holger Rune llega con invitación y en el puesto 195 del ranking ATP; Raphaël Collignon, número 50, vuelve a competir en casa tras parar por la rodilla. Ninguno de los dos aterriza con un nivel reciente y sostenido, y ahí está la intriga de esta primera ronda.
Rune ya sabe arrancar; le falta aguantar el temporal
Rune lleva poco tiempo de vuelta tras una operación del tendón de Aquiles y una larga rehabilitación. Su regreso, tras 11 meses fuera, empezó en la Copa Davis con buenas sensaciones. Ante Iliyan Radulov habló de buen golpeo, buen saque y buen resto, y admitió que le costó adaptarse a la velocidad de partido. «Creo que jugué bastante suelto», dijo, con la idea de acercarse a la línea de fondo e imponer el ritmo.
La prueba seria llegó contra Grigor Dimitrov, un partido que remontó y que resolvió en el tie-break del set decisivo. Fue una señal de carácter, aunque conviene recordar que llegó con el calor de un equipo y una grada a favor. Fuera de ese abrigo, el circuito le ha enseñado una cara menos amable.
En Tokio, Kyrian Jacquet controló el partido de principio a fin. Rune no inquietó de verdad sus juegos de saque y el encuentro se fue desequilibrando tras el primer set. Jacquet venía en buena racha, es cierto, pero lo preocupante fue que Rune no encontró manera de enfriar esa confianza desde el juego al resto.
Shanghái fue otra historia, y mejor. Rune salió a por todas contra Daniel Altmaier y se llevó el primer set con autoridad. El partido giró cuando Altmaier sobrevivió al tie-break del segundo, y aun así el saque del danés aguantó intacto hasta muy tarde en el set decisivo. Lo decidió un passing de revés excepcional de Altmaier en el último juego al saque.
La lectura es clara: el Rune agresivo sigue ahí, a mano, pero todavía no sabe sostenerlo cuando el rival absorbe el primer chaparrón. El parte médico de Shanghái no recogió ninguna lesión nueva, aunque terminar un partido largo no equivale a tener el movimiento y la recuperación del todo restablecidos. En público, Rune pide paciencia: el 5 de octubre dijo que el ranking volverá con buen tenis y que no gasta energía en las prisas.
Collignon, una rodilla que responde y un saque a medio gas
Lo último que vimos de Collignon en competición fue una herida abierta. En el US Open, ante el universitario Sebastian Gorzny, que jugaba con invitación y un público entregado, tuvo el partido en la mano varias veces y no lo cerró. Tras la interrupción por lluvia recuperó la iniciativa y ganó el set siguiente, pero Gorzny forzó el tie-break decisivo y salvó las bolas de partido.
Lo más revelador fue su propio diagnóstico. Collignon se vio demasiado pasivo, incapaz de soltar los golpes desde el fondo, en un periodo en el que, según contó, poco le salía. El periodista Patrick Haumont habló de una inhibición repentina tras una progresión casi sin baches, y la interpretó como una fase de aprendizaje y no como un retroceso. Pero esa lectura describe el verano, no el presente.
Después llegó la parada. Una molestia en la rodilla que había sido llevadera empeoró durante la gira americana y le hizo renunciar a la Copa Davis y a los torneos de Asia. El 15 de octubre explicó que sufre una tendinopatía, que redujo la carga en lugar de dejar de jugar y que solo hace poco ha vuelto a entrenar a plena intensidad.
La frase que más pesa es otra: «Todavía tengo una limitación al sacar». Se mueve sin restricciones y la rodilla responde bien, pero el saque, que es lo que más se nota en pista cubierta, sigue siendo un asunto pendiente. Por eso esa versión más prudente pesa más que el optimismo de la presentación del torneo, el 22 de septiembre.
Collignon se ha quitado presión con elegancia. «No tengo ningún objetivo concreto», dijo, y habla de recuperar las sensaciones, disfrutar ante su público y llegar lo más lejos posible. Además jugará el dobles con David Goffin en el torneo de despedida de Goffin, una semana de emociones y también de más carga para una rodilla que todavía se está poniendo a prueba.
La pelea por la línea de fondo y un saque bajo vigilancia
El cruce de estilos se resume en una pregunta: quién manda en la pista. Rune quiere pisar la línea de fondo e imponer el ritmo; Collignon se reprochó en Nueva York haber jugado a la espera. Si el belga vuelve a refugiarse atrás, Rune tendrá el partido donde lo quiere. Si se atreve a soltar el brazo, el danés tendrá que demostrar que su ímpetu resiste cuando le devuelven los golpes.
El duelo entre saque y resto llega lleno de interrogantes. El resto de Rune fue ineficaz en Tokio, y el saque de Collignon arrastra una limitación reconocida por él mismo. La pista cubierta suele premiar el primer golpe tras el saque, así que cada segundo saque del belga será una invitación a medir si Rune ha recuperado el colmillo al resto.
Si el partido se alarga, las dudas cambian de dueño sin desaparecer. Para Rune, el reto es mantener la calidad y el movimiento cuando se apague el arranque. Para Collignon, repetir en competición lo que hace en los entrenamientos y sostener el saque bajo carga real. Ni la inactividad de uno ni el partido largo del otro en Shanghái garantizan una ventaja física.
En los momentos de presión, cada uno trae un recuerdo reciente. Rune remontó a Dimitrov, pero en Shanghái se le escapó el final. Collignon no supo cerrar ante Gorzny desde posiciones favorables. Son experiencias que pesan, aunque sería injusto convertirlas en etiquetas fijas.
No se trata de dos jugadores en plenitud midiendo sus armas, sino de dos regresos a medio hacer. La clave estará en si el Rune de Shanghái dura más que un set y en si Collignon suelta el brazo sin que el saque le pase factura. Confieso que no sé cuál de las dos incógnitas se despejará antes.

Buen partido y buen lector. Falta un toque.










