Fernandez y Rakhimova, semifinal en Tokio con la cuenta de Pekín pendiente
El Toray Pan Pacific Open de Tokio llega a semifinales con un cruce que tiene memoria reciente. Leylah Annie Fernandez, número 23 del ranking WTA, se mide a Kamilla Rakhimova, número 66 y repescada del cuadro como lucky loser. Hace menos de un mes, en Pekín, Rakhimova ganó ese duelo. La intriga está en saber si aquella tarde fue una señal del cruce o solo una foto de principios de octubre, antes de que Fernandez encadenara su mejor tramo del año.
Fernandez, la tenista que siempre encuentra la salida aunque se pierda por el camino
La gira asiática de Fernandez empezó con un título en Singapur que fue algo más que una buena semana. Ganó a Mirra Andreeva, se recompuso tras verse arrollada al principio por Maja Chwalinska y escapó de apuros en el primer set de la final ante Talia Gibson antes de dominarla por completo. Lo valioso fue cómo cambió el rumbo de esos partidos: atacando y subiendo a la red, no esperando a que la rival se desmoronara sola.
Wuhan recordó que las costuras siguen ahí. Ante Jelena Ostapenko remontó un primer set flojo, pero en el set decisivo su saque estuvo bajo asedio constante. Recuperó una rotura tarde y la devolvió en el juego siguiente, una costumbre que conviene no olvidar.
Ningbo fue una semana de mucha resistencia y mucho desgaste. Estuvo a punto de caer ante Elise Mertens y le dio la vuelta al set decisivo; ante Aliaksandra Sasnovich perdió el set intermedio y sobrevivió a un intercambio largo de golpes ganadores. Ella lo resumió con un «Simplemente disfrutando de la batalla», aunque admitió que quiere mantener la concentración sin necesitar una escapada cada vez.
Su mejor tenis sostenido llegó en cuartos ante Ekaterina Alexandrova. Tras perder el primer set, metió más profundidad al resto y se volvió mucho más sólida con su saque, y mantuvo ese nivel hasta el final. En semifinales ante Marie Bouzkova funcionaron los ángulos y los cambios de dirección, pero mantener el saque le resultó incómodo, y ella misma reconoció «demasiados errores», atribuidos en parte a los nervios.
La final ante Elena Rybakina dejó una lección táctica más que física. El saque y el primer golpe de Rybakina la empujaron hacia atrás, Fernandez no aprovechó sus ocasiones iniciales y a partir de ahí el partido se le fue de las manos. Cuando no es ella quien abre fuego, su tenis pierde buena parte de su sentido.
En Tokio solo ha jugado un partido, ante Mertens, porque Rybakina se retiró antes de su revancha en cuartos. Ganó el primer set a base de resto, se puso claramente por delante en el segundo, dejó escapar parte de la ventaja, volvió a romper y no pudo cerrar el partido al saque. En el tie-break remontó un mal comienzo, salvó bolas de set y su saque, que antes la había dejado tirada, apareció cuando más importaba.
Hay una nube en este cielo despejado: se retiró del dobles en Tokio por un problema en el brazo izquierdo. Completó después el partido ante Mertens, lo que prueba que puede competir en individuales, pero no que el problema esté resuelto; su gravedad y su efecto sobre el saque no se conocen. El walkover de cuartos le ahorra un esfuerzo tras la paliza de Ningbo y el viaje, aunque eso no equivale a un alta médica.
Su confianza tiene una raíz identificable. Fernandez atribuye este tramo al trabajo con su equipo y con su coach mental, y dice que la gira asiática confirma que esas conversaciones de toda la temporada están dando fruto. Quiere estirar ese buen clima hasta final de año.
Rakhimova, de la puerta de atrás a la mejor semana de su carrera
Rakhimova no llegó a Tokio con viento a favor. Perdió ante Bouzkova en Ningbo y después ante Sasnovich en la fase previa de este mismo torneo. La baja de Belinda Bencic le abrió un hueco como lucky loser en una posición con bye, de modo que entró directamente en segunda ronda sin sumar una victoria extra.
Lo que ha hecho desde entonces sí cuenta como prueba seria. Ante Alexandrova, que venía de buenas rondas en Pekín y Ningbo, ganó el primer set, perdió el segundo y navegó un set decisivo lleno de roturas cruzadas hasta imponerse en el tie-break. Fue un triunfo de persistencia, no de dominio con el saque: las dobles faltas le complicaron mucho la vida.
En cuartos ante Maya Joint, que llegaba lanzada tras la fase previa y victorias sobre Sorana Cirstea y Ana Bogdan, Rakhimova enseñó algo distinto. Remontó una rotura en contra en el primer set y, cuando Joint igualó el partido, respondió con roturas tempranas en el decisivo y llevó la iniciativa hasta el final. Esta vez no fue un rescate en el último punto, sino un cierre con autoridad.
Es su primera semifinal en pista dura del circuito principal y la primera a este nivel de torneo, con una primera final individual del circuito al alcance. Cómo le pesa o la libera ese escenario es algo que no sabemos: no hay declaraciones suyas sobre ello. Tampoco hay lesiones reportadas, aunque ella sí jugó un cuarto de final exigente el 30 de octubre mientras Fernandez descansaba.
El saque de Fernandez, el terreno que Rakhimova ya pisó en Pekín
El precedente del 3 de octubre en Pekín marca el punto de partida. Rakhimova le desajustó el saque a Fernandez desde el principio; la canadiense se rehízo en el segundo set, pero no pudo sostener la remontada, y Rakhimova aguantó juegos largos hasta cerrar el partido al resto. La lectura justa es estrecha: Rakhimova sabe que puede incomodar ese saque y resistir el contragolpe, no que el cruce le pertenezca.
Fernandez lo tiene claro en teoría. «Mi juego y mi estilo es quitarles tiempo a mis rivales», dijo tras Mertens, y añadió que está aprendiendo a reconocer cuándo un ataque imperfecto pide neutralizar, defender o contraatacar. En Pekín el problema fue justo ese: perder el control de los primeros intercambios y tener que fabricar agresividad desde posiciones comprometidas.
Más que una comparación de potencia, el partido parece un pulso entre saque y resto. El resto de Fernandez le ha arreglado muchos juegos de saque torcidos, y el de Rakhimova ya la hizo sufrir; a cambio, el saque de Rakhimova fue inestable ante Alexandrova. La pregunta es cuál de las dos convierte un buen resto en control duradero sin regalar la ventaja en su siguiente juego de saque.
Ahí está la trampa para ambas. Fernandez ha dejado reabrirse ventajas una y otra vez, y Rakhimova ha vivido partidos de roturas de ida y vuelta. Ninguna es frágil de cabeza, pero tampoco hay motivos para creer que una rotura temprana sentencie nada.
Los ángulos y los cambios de dirección que tanto le sirvieron ante Bouzkova pueden ser un recurso más útil para Fernandez que intentar pegar más fuerte. Sobre la pista dura de Tokio, el brazo izquierdo es la incógnita que nadie sabe despejar: si afecta al saque, el escenario de Pekín se parecerá demasiado al de mañana. Fernandez llega más descansada; Rakhimova, con el impulso de un cuarto de final ganado hoy y sin ninguna clasificación para las WTA Finals en juego, porque ese cuadro ya está cerrado. Lo que se juega es una final y la continuidad de dos rachas que nacieron de lugares muy distintos.

Buen partido y buen lector. Falta un toque.











