ATP 500. ViennaATP 500. ViennaI.hard
30.10en 11 h 49 min
Tommy Paul Tommy Paul
Carlos Alcaraz Carlos Alcaraz
en 11 h 49 min
Dónde ver el partido Tommy Paul vs Carlos Alcaraz
Fuentes para la región:Estados Unidos

Tommy Paul llega afinado a Viena y Alcaraz busca orden en sus ventajas

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El Erste Bank Open de Viena llega a cuartos de final con un cruce que huele a revancha cercana. Tommy Paul, séptimo cabeza de serie y número 14 del mundo, se mide a Carlos Alcaraz, segundo favorito y número 3, apenas dos meses después de que el español lo despachara en sets corridos en el US Open. La intriga está en la pista cubierta: Paul llega con su tenis más afilado del otoño, y Alcaraz sigue buscando la manera de que sus ventajas no se le escapen entre los dedos.

Paul, el viajero cansado que todavía disfruta del camino

Paul lleva un otoño largo a cuestas y no lo esconde. Reconoció en Lyon que había añadido un torneo que normalmente se salta a estas alturas, todo por el ranking de final de año y por un sueño todavía abierto: jugar por primera vez las Finales ATP de Turín. Lo llamativo es su ánimo: «Mentalmente, todavía lo estoy disfrutando», dijo, y añadió que se siente mejor que otros años en este tramo de la temporada.

En Viena ese buen humor se ha convertido en tenis. Contra Rublev arrancó con un primer set disputado, pero detectó pronto el problema: el saque abierto del ruso lo sacaba de la pista. Paul se adelantó para cortarle el ángulo y metió muchos restos en juego, y a partir de ahí mandó él. «Me gusta la superficie de aquí», resumió, con la tranquilidad de quien ha encontrado su sitio.

Ante Darderi el dominio fue inmediato y no se movió en todo el partido. El italiano nunca encontró la manera de entrar en el encuentro, sin que mediara ningún problema físico. La lectura honesta es doble: el nivel de Paul apenas fluctuó una vez por delante, pero la resistencia fue escasa y aquello sirvió más como ensayo limpio que como examen bajo presión.

Tampoco conviene leer la derrota de Lyon como una mala semana. En semifinales ante Fritz se jugó un tenis de mucho nivel, y el propio Fritz lo definió como «super, super alto». Paul tuvo opciones de llevarse la segunda manga y fue especialmente peligroso cuando subía a la red; lo que lo separó del partido fue el saque de Fritz, que le recortaba los puntos antes de que pudiera construirlos.

En ese mismo torneo ya había resuelto un partido agotador ante Moutet a base de piernas y de subir a la red, con un último peloteo larguísimo que dejó al francés desesperado. En Shanghái, ante Bergs, contó que se obligó a quitarle dramatismo a cada punto de rotura en contra. Es una señal mental más útil que cualquier etiqueta fácil sobre su fortaleza en los momentos tensos.

La advertencia más clara llegó también en Shanghái, ante Medvedev. Paul firmó un tramo central inspirado, pero el set decisivo se volvió físico y su tenis se fue deshilachando: bajó el porcentaje de primeros saques y subieron los errores. Ese es el retrato completo de su momento: un techo alto y la duda sobre si puede sostenerlo cuando el partido se convierte en una larga cuesta.

Alcaraz, el tenis que deslumbra y los finales de set que se tuercen

Alcaraz llegó a Viena con un diagnóstico propio bastante sereno. «Estoy contento con cómo estoy jugando y con mi nivel actual», dijo, aunque admitió que todavía necesita competición, entrenamientos con rivales fuertes y continuidad para recuperar su mejor tenis. Su temporada interrumpida lo deja más fresco de lo habitual en el tramo de pista cubierta, pero también con menos rodaje competitivo. Ambas cosas tiran en direcciones opuestas.

Sus dos partidos en Viena han seguido un guion parecido. Ante Khachanov ofreció un duelo vistoso y de mucho nivel, pero dejó escapar opciones de partido en la segunda manga. Tuvo que romper cuando el ruso sacaba para cerrar el set y remontar después un mal arranque en el tie-break.

Contra Basilashvili, la película se repitió con otro decorado. Alcaraz dominó al principio con su juego completo, pero a mitad del segundo set los errores le costaron la rotura de ventaja, el georgiano se envalentonó y todo acabó en un tie-break largo con bolas de set en contra. «Le dejé volver a entrar en el partido», reconoció; «estoy muy contento con cómo reaccioné», añadió. Ambas frases son ciertas, y ese es precisamente el problema que viene arrastrando.

Conviene ser justo con Basilashvili, que llegaba lanzado tras una buena gira asiática y una final en Almaty. El tropiezo de Alcaraz fue en parte suyo y en parte mérito de un rival con confianza. Aun así, el patrón de Viena es claro: su disciplina para cerrar los sets no está a la altura de su talento.

Lo de Tokio fue otra cosa. En la final ante Lehecka, el analista Hugh Clarke destacó cómo Alcaraz dejó de servirle bolas duras a una altura cómoda y empezó a mezclar cortados bajos, reveses altos, ángulos cortos y cambios de ritmo, además de atacar los segundos saques. Clarke lo resumió diciendo que puede «transformar su juego en el estilo que haga falta».

Shanghái sigue siendo el contraejemplo. Bergs sacó muy bien, le hizo daño en sus juegos de servicio y, aunque Alcaraz le rompió cuando intentaba cerrar el partido al saque, el belga acabó ganando el tie-break. Aquel día, además, Alcaraz se mostró molesto con las bolas y sin sensaciones, aunque nada indica que ese problema le haya seguido hasta Viena. Aquí ha pasado de la frustración a reorganizarse sin dejar de proponer.

Fuera de la pista, el ambiente es tranquilo. Samuel López y Álvaro Alcaraz forman su equipo técnico, que se ha sumado en bloque a la campaña Movember, y las palabras de Juan Carlos Ferrero esta semana («Nunca desearé que Carlos pierda») hablan de afecto, no de táctica. Ya tiene asegurada su plaza en Turín, persigue su primer título en Viena y mantiene viva su larga racha sin derrotas en esta categoría de torneos.

La clave: el resto de Alcaraz contra el primer golpe de Paul

El precedente de septiembre marca el camino. En Nueva York, Paul empezó atacando, pero la presión de Alcaraz al resto cambió el partido. Paul recuperó una rotura temprana en el segundo set, pero el español siguió mandando en los momentos importantes. El mecanismo fue siempre el mismo: el saque de Paul, acosado juego tras juego por una mezcla de agresividad y variedad.

Lo más valioso de aquel partido fue la explicación de Paul. Contó que el revés cortado cruzado ya no basta para retener a Alcaraz en el intercambio de reveses: si no es excelente, el español rodea la bola y toma el mando con la derecha. También señaló las mejoras de Alcaraz en el resto y en el segundo saque. No es un elogio de cortesía, sino el reconocimiento de que los recursos de siempre se le han quedado cortos.

De ahí sale la primera pregunta táctica. Paul ya demostró ante Rublev que sabe corregir su posición al resto sobre la marcha, pero contra Alcaraz no basta con meter la bola en pista. El resto tiene que ser lo bastante profundo para impedir que la derecha del español o un cambio de dirección temprano decidan el punto en el siguiente golpe.

La segunda pregunta es su propio servicio, sobre todo el segundo. Si Alcaraz entra en el peloteo con la frecuencia de Nueva York, los juegos de saque de Paul volverán a hacérsele cuesta arriba. Necesita que su primer golpe tras el saque le dé posición, no que lo obligue a defender desde el primer intercambio.

En el juego desde el fondo hay una tensión interesante. Las variaciones de altura y ritmo que tan bien le funcionaron a Alcaraz en Tokio son un recurso lógico, pero Paul no es Lehecka. Esos ángulos cortos pueden llevarlo justo a la zona donde su toque y su transición hacia la red se sienten como en casa. Confieso que no sé hacia qué lado caerá esa moneda.

Las condiciones tampoco ayudan a sacar conclusiones rápidas. Que sea pista cubierta no significa que vuele: Basilashvili dijo esta semana que «las condiciones aquí son bastante lentas», una impresión personal y no una medición. Si tiene razón, habrá más peloteos largos, y eso devuelve el foco a lo ocurrido ante Medvedev: ¿aguantará el primer saque de Paul si el partido se hace largo?

Físicamente no consta ningún problema en ninguno de los dos, aunque eso significa ausencia de noticias, no un parte médico. Ninguno tiene día de descanso antes de los cuartos. Paul viene de un partido cortísimo ante Darderi, pero acumula muchos kilómetros este otoño, mientras que Alcaraz tuvo un segundo set exigente ante Basilashvili y está fresco de temporada. El público, por cierto, ya ha demostrado lo mucho que disfruta con el español.

Todo apunta a un partido de detalles. Si Paul encuentra pronto el ajuste al resto, como hizo con Rublev, y su saque le da aire, tendrá terreno para su tenis de piernas y red. Si Alcaraz mantiene el orden cuando se pone por delante, la cuestión puede aclararse temprano; pero en Viena esa ha sido justamente su asignatura pendiente.

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Alcaraz llega como favorito, pero sus dos partidos en Viena se alargaron hasta el tie-break del segundo set: ambos superaron los 21,5 juegos. Él mismo admitió que permitió a Basilashvili volver al partido; Paul, número 14, es una prueba más exigente.

Paul viene de imponerse a Rublev por 7-5 y 6-2, ajustando la posición al resto, y las condiciones lentas de Viena favorecen los peloteos y la construcción del punto. Tras el duelo reciente en el US Open, sabe que su revés cortado no basta para frenar la derecha de Alcaraz: tendrá que variar sus patrones.

El más de 21,5 juegos, a cuota 1,895, tiene sentido incluso si Alcaraz gana en dos sets: marcadores como 7-5 y 6-4 ya superan la línea. Un set con tie-break o un tercero darían más margen; la cuota compensa que no haga falta apostar por un partido largo para alcanzar el total.

El riesgo es que Alcaraz encuentre desde el inicio un nivel más estable y presione tanto el saque de Paul que acorte los juegos. Si Paul no consigue sostener sus turnos, la cuenta puede quedarse corta.

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