Vacherot, el superviviente de Basilea, ante un Fritz con las piernas frescas
La pista cubierta de Basilea entra en su penúltimo día con una semifinal de contrastes. Valentin Vacherot, número 31 del mundo, ha llegado hasta aquí a base de sobrevivir. Taylor Fritz, número 13 y sexto cabeza de serie, lo ha hecho con más calma y con el regalo de un cuarto de final corto. La intriga está en saber qué pesa más el 31 de octubre: la confianza que da escapar tres veces o la frescura de quien apenas ha sudado.
Vacherot, o el arte de volver cuando el partido se le escapa
La semana de Vacherot se cuenta como una serie de tormentas capeadas. Ante Navone, en el debut, dejó que el segundo set se le alejara bastante, lo recuperó antes de que el argentino pudiera cerrarlo y mandó en el tie-break. La prensa local destacó su determinación y su calma.
Contra Jódar, el 29 de octubre, el guion se repitió con más dramatismo. Ganó el primer tie-break, fue superado en el set central y se vio por detrás en el set decisivo. Su saque lo sostuvo una y otra vez ante la presión al resto, Jódar no aprovechó sus ocasiones finales y Vacherot estuvo más entero en el tie-break definitivo.
Conviene no quedarse solo con el resultado. Según la crónica de SRF, Jódar produjo en general el tenis de ataque más limpio, y Vacherot ganó porque gestionó mejor los pasajes decisivos. Lo bueno es la serenidad para resolver problemas; lo preocupante, cuánto tuvo que defenderse y escapar para conseguirlo.
Frente a Rune, el 30 de octubre, la historia volvió a tener un giro. Vacherot rompió a mitad del primer set, Rune le dio la vuelta al partido con una rotura tempranera en el segundo y el de Basilea supo empezar de cero en el tercero. Encontró de nuevo la rotura en el tramo central y cerró sin más sobresaltos, con SRF elogiando su servicio. Hay que añadir que Rune sigue buscando ritmo tras su lesión.
Sus palabras tras ese partido dicen mucho de su estado de ánimo. Comparó los primeros golpes de Rune con el tenis de mesa y agradeció la experiencia de adaptarse a otro estilo: «Es mi primer año en el circuito», dijo, y añadió que está aprendiendo de los grandes. Habla alguien que se siente en progreso, no alguien que se cree un jugador hecho.
El camino hasta Basilea no fue una línea recta. En Tokio mostró su mejor nivel y lo atribuyó al trabajo físico, aunque se quejó de que ni su saque ni su resto, sus dos armas principales, funcionaron en la semifinal ante Lehecka. En Shanghái, donde defendía título, nunca entró en el partido ante Tommy Paul y lo calificó como «uno de mis peores partidos de la temporada».
Lyon tampoco fue la cura. Ante Luca Van Assche empezó imponiéndose con claridad y después perdió el mando mientras el francés le daba la vuelta. Es un buen recordatorio de que recuperar el control no le sale siempre, y de que Basilea es la prueba más sólida de una confianza renovada, no la continuación de un otoño perfecto.
En lo físico no se ha reportado ninguna lesión. El aviso es la acumulación: después de Shanghái admitió que no se sentía bien físicamente y se preguntó si los largos viajes tenían que ver. Ahora encadena el desgaste de Jódar y Rune en días consecutivos, y no hay forma de saber si llega del todo recuperado.
La motivación, en cambio, no ofrece dudas. Antes de Shanghái explicó que le quedaban dos objetivos este año: ganar un torneo y asegurarse ser cabeza de serie en el Open de Australia. Basilea le ofrece ambas cosas al alcance de la mano.
Fritz, un saque que funciona y una espina llamada Musetti
Fritz ha recorrido Basilea casi sin despeinarse. Su estreno ante Hijikata fue eficiente: abrió distancia en el primer set y mantuvo la compostura cuando el segundo siguió con los saques y acabó en tie-break. Además, la retirada de Tsitsipas le ahorró la revancha inmediata contra el jugador que le había complicado la vida en Shanghái.
Ante Shapovalov, el 29 de octubre, pasó con soltura y dejó una frase que importa para este duelo: «Me siento bien con mi saque y mi resto», sobre todo en pista cubierta. También explicó que buscaba ser agresivo y sólido desde el fondo, y que ese equilibrio lo había encontrado aquel día.
El cuarto de final contra Fils sirve de poco para medir su techo. Fritz empezó por detrás, reaccionó enseguida y tomó el control antes de que Fils, visiblemente tocado y atendido, se retirara a principios del segundo set. Su efecto más claro sobre la semifinal es el escaso desgaste del estadounidense.
La mejor muestra de su nivel reciente llegó en Lyon. Tras ganar a Paul habló de «un nivel altísimo», de peloteos en los que cada uno podía ejecutar casi a la perfección y aun así perder el punto. No sonaba aliviado por pasar de ronda, sino satisfecho con su manera de golpear la bola.
La final de Lyon, sin embargo, dejó al descubierto una grieta. Musetti le rompió el ritmo con cambios de efecto, velocidad y altura, le obligó a golpear bajo e incómodo y le arrebató el saque pronto, de modo que Fritz jugó todo el partido a remolque. Su resumen fue sencillo: Musetti estuvo «demasiado bueno». No hubo lesión de por medio.
Shanghái añade otro matiz. Fritz empezó bien ante Tsitsipas, pero el griego fue soltándose al ataque, el impulso cambió de lado al final del segundo set y ya no volvió en el decisivo. La lección es que un buen saque no garantiza mantener el control todo un partido.
Tampoco hay lesiones en su caso, aunque arrastra la carga de un torneo largo en Lyon antes de Basilea. Lo que sí pesa es la carrera hacia las Finales ATP: sigue fuera de los puestos de clasificación y necesita seguir sumando. Además, en sus últimas visitas a Basilea nunca había llegado a las rondas finales, así que esta semana ya es un paso adelante.
Un saque contra un resto, y la factura de tres batallas
El primer frente del partido está en el arranque de cada punto. Vacherot ha usado el saque para que sus malos ratos no se volvieran definitivos, y Fritz presume de buen resto en pista cubierta. Lo que importa no es si el resto inicia un peloteo, sino si impide que el sacador mande desde el primer golpe tras el saque.
Cuando el saque deja de mandar, Vacherot no se descompone. Las crónicas del partido ante Jódar desmontaron la idea de que solo es peligroso en puntos cortos: aguantó peloteos largos aunque le estiraran por toda la pista. Eso sí, resistir no es lo mismo que dictar, y ante Fritz necesitará algo más que mantener la bola en pista.
La final de Lyon ofrece una pista sobre cómo incomodar a Fritz: variedad, alturas distintas, bolas que le obliguen a cambiar el punto de impacto. No hay pruebas de que Vacherot tenga ese repertorio, porque lo que se ha elogiado en Basilea es su saque y su resistencia. Es una pregunta abierta, no un arma confirmada.
Ya se enfrentaron en Basilea, en un partido que la prensa recuerda como difícil y lleno de cambios de inercia. Ninguno ha dicho nada que sugiera intimidación, sed de revancha o ventaja mental. Tampoco hay noticias de cambios en los banquillos ni de un efecto decisivo del público.
Los tie-breaks merecen mención aparte. La calma de Vacherot en esos momentos es una de las historias de la semana, pero el propio torneo destacó que el jueves estuvo lleno de sets decisivos resueltos así. Las distancias mínimas han sido el clima general de Basilea, no solo un síntoma de los altibajos del local.
Al final, todo apunta a la recuperación. Si el partido se alarga, Vacherot pondrá a prueba no su resistencia, que ya ha demostrado, sino si las dos batallas seguidas le pasan factura en los desplazamientos, el ritmo del saque o la concentración. Fritz llega con el depósito lleno, y esa diferencia de desgaste es real.
Las preguntas quedan sobre la mesa: si Vacherot conserva la calidad de su saque tras el esfuerzo, si el buen resto de Fritz se convierte en presión constante y si el de Basilea puede pasar de escapar a mandar en los peloteos. Confieso que no sé cuál de las tres pesará más. Quizá ahí esté el encanto de esta semifinal.

Escrito despacio. Puntúelo despacio. Sin prisa.










