Mannarino y Medvedev chocan en los cuartos de Viena entre quejas a la pista y arranques al ralentí
Los cuartos de final del torneo de Viena en pista dura cubierta nos regalan un duelo de contrastes deliciosos. El número 5 del mundo y tercer cabeza de serie, Daniil Medvedev, se mide al número 73, un Adrian Mannarino que viene desde la fase previa. El gran misterio es ver quién despierta antes, porque ambos han convertido los inicios de partido en un ejercicio de suspense.
Mannarino: el arte de empezar dormido y acabar mandando
A sus 38 años, Mannarino vive una segunda juventud en este tramo final de temporada. Sus buenas actuaciones ante Flavio Cobolli en Shanghái y Andrey Rublev en Almatý demuestran una regularidad renovada, aunque Nikoloz Basilashvili frenó en seco esa racha antes de plantarse en la final.
En Viena, a Mannarino le gusta el riesgo en los arranques. Fue arrollado en el primer set de su debut ante Ignacio Buse antes de darle la vuelta al marcador, y frente a Jakub Menšík también cedió su servicio de entrada. Sin embargo, ante Menšík recuperó el terreno enseguida, logró otra rotura de servicio al final del parcial y cerró el set al saque sin dudar.
En la segunda manga aguantó la presión en sus turnos y siguió generando opciones al resto con un golpeo muy limpio. Conviene anotar que Menšík sufrió una fuerte caída al final del set, se golpeó la cabeza y quedó mermado físicamente, aunque Mannarino ya dominaba el pulso antes del susto.
El veterano llega sin lesiones y con el jueves libre tras cerrar sus octavos el miércoles. Haber pasado por la previa le suma desgaste en las piernas, pero le da un rodaje extra en estas condiciones. Además, avanzar en Viena choca con sus planes de jugar la previa del Masters de París este fin de semana, un bendito problema de agenda.
Medvedev: títulos en la maleta y peleas con el suelo de Viena
El otoño de Medvedev roza el sobresaliente: título en Hangzhou, gran papel en Shanghái —donde reconoció el gran partido de Rafael Jódar— y su primera defensa exitosa de un trofeo en Almatý. Allí exhibió un saque intocable y grandes pasadas ante Térence Atmane, aprovechó la retirada de Alexander Bublik en semifinales para ahorrar fuerzas y remontó un set inicial adverso en la final frente a Basilashvili.
Con los deberes casi hechos para las ATP Finals, Medvedev afronta lo que llama un último empujón junto a su actual colaborador, Andrey Golubev, con quien tenía pactado retomar el trabajo en la gira europea tras ausentarse en Almatý. El problema es que el viaje exprés a Viena le ha quitado toda la fluidez de golpe.
En su estreno vienés dejó escapar una ventaja enorme ante Daniel Mérida antes de adaptarse y remontar. Y lo de este jueves frente a Cameron Norrie fue un ejercicio de supervivencia extrema tras ceder el primer set sin generar un solo punto de rotura.
Medvedev tomó el mando de los intercambios en el segundo parcial, pero en el set decisivo volvió a complicarse la vida. Entregó su saque tras haber recuperado una desventaja previa, salvó bola de partido con Norrie sacando para ganar y acabó arrasando en el tie-break final.
Una pista cubierta a cámara lenta donde gana quien manda en el peloteo
Olvídense del tópico de los cañonazos en pista cubierta: Medvedev definió la superficie vienesa como súper lenta tras jugar con Mérida. Contra Norrie pagó su frustración dando manotazos y golpes contra el suelo por esa falta de velocidad, aunque por suerte para su raqueta y su físico no consta ninguna lesión en la mano.
Ese ritmo pausado convierte el control del peloteo en el juez absoluto del choque. Ni Mannarino ni Medvedev van a vivir de puntos gratis con el saque; la victoria pasará por quién logre mantener la bola en pista e imponer su patrón desde el fondo sin regalar el primer tramo del encuentro.
La balanza física también añade picante a la cita. Mientras Mannarino miraba los toros desde la barrera el jueves, Medvedev encadenaba días de competición con una batalla agotadora en lo físico y lo mental, por mucho que los dos hayan demostrado que un mal inicio no los saca del partido.

Me aplaudo yo solo. Únete, que queda mejor.










