Djokovic, Struff y la pregunta del día siguiente en Basilea
Basilea vive una semana con mucho fondo emocional. Es la despedida de Stan Wawrinka y es el regreso de Novak Djokovic a un torneo que no jugaba desde 2011. En segunda ronda, el jueves 29 de octubre en pista cubierta, el serbio, número 12 del ranking ATP, se mide a Jan-Lennard Struff, 47.º. La intriga no está en el currículum de cada uno. Está en si Djokovic puede repetir al día siguiente lo que ya ha demostrado que sabe hacer.
Djokovic: el techo sigue ahí, la constancia del cuerpo está por ver
El debut ante Ugo Humbert fue un partido de los que se ganan sudando. El francés le quitó tiempo con un tenis agresivo y penetrante, le rompió el saque pronto y se llevó el primer set. Djokovic no encontró el ritmo de golpe. Lo fue recuperando poco a poco, como quien sale de la niebla.
El partido cambió al comienzo del segundo set. Djokovic aguantó otra vez la presión en sus juegos de servicio y después fue él quien se puso por delante. En el set decisivo encontró la rotura hacia la mitad y la defendió hasta el final. Hay que añadir un matiz: Humbert necesitó atención médica durante el encuentro, aunque la reacción del serbio ya había empezado antes.
Su mejor tenis reciente se vio en Pekín. La remontada ante Alexander Zverev en cuartos fue, según la prensa especializada, uno de sus mejores partidos del año. Acabó en su séptimo título allí, el número 102 de su carrera. Eso sí, la semifinal terminó con la descalificación de Daniil Medvedev y la final con la retirada de Alex de Minaur, así que el torneo dejó menos pruebas de lo que suele pedir un cierre completo.
Después llegó Shanghái, que enfrió el entusiasmo. Ante Hubert Hurkacz se le vio sin energía. No aprovechó las primeras opciones al resto y no supo contrarrestar la potencia del polaco. La crónica oficial comparó la frescura de Hurkacz con el desgaste que Djokovic arrastraba desde Pekín.
Hay además un problema físico que el propio jugador no ha querido detallar. Antes de Basilea dijo que había mejorado y que el proceso iba por buen camino, sin darlo por resuelto. También explicó por qué eligió esta gira: «Creo que físicamente me resultará más fácil jugar en pista cubierta», sin calor, sin sol y sin viento. La motivación es clara. Busca la clasificación para Turín, y un título en Basilea le pondría a la altura de Federer en número de trofeos.
Struff: el sacador que aprendió a no rendirse
Struff llega con la mejor semana de su temporada aún reciente. En Bruselas jugó su primera final en pista dura con un plan sencillo y valiente: sacar fuerte, tomar la iniciativa pronto, subir a la red y apretar desde el fondo. Lo interesante es que siguió con ese plan incluso cuando le salían mal las cosas.
La semifinal ante Arthur Fils lo resume bien. Ganó el primer set con autoridad, perdió el segundo en el tie-break y en el decisivo se vio dos veces por debajo. Recuperó una rotura tempranera, volvió a quedarse atrás y rompió cuando Fils sacaba para cerrar el partido. Lo terminó en otro tie-break. «Se trata de no rendirse nunca», explicó después.
La final ante Tallon Griekspoor dejó la otra cara de la moneda. Struff empezó despierto, sacando con autoridad y metiendo presión al resto. Pero cedió de golpe un juego de servicio al final de un set y, cuando parecía haberse recompuesto en el decisivo, le pasó lo mismo. Griekspoor admitió que encontró su mejor tenis en el tramo final. Fue una final perdida por detalles, no un hundimiento.
En Basilea ya ha dejado atrás a Yannick Hanfmann, un resultado que no hay que exagerar. No se ha informado de ninguna lesión. Lo que sí pesa es la carga acumulada: una semifinal larguísima, una final exigente, el viaje y la competición sin descanso. Esa racha le da ritmo y confianza, pero también le resta frescura.
El primer golpe tras el saque y los juegos que cierran sets
El partido se juega en el arranque de cada punto. Struff quiere sacar, recibir una bola cómoda y caer sobre la red. Si el resto de Djokovic llega profundo e incómodo, esa transición se complica; si se queda corto, el alemán se adueña del punto. Humbert ya demostró en esta misma pista que la agresividad incomoda al serbio al principio. La duda es si Struff aguantará ese nivel cuando Djokovic se adapte.
Uno pensaría que alargar los peloteos favorece a Djokovic ante un rival que viene de Bruselas. Esta vez esa cuenta no sale tan limpia. El serbio también llega con un partido de tres sets en las piernas y con el recuerdo de Shanghái, donde le faltó gasolina tras una semana dura. Ninguno de los dos tiene garantizada la ventaja física.
Hay un punto concreto para seguir con atención: los juegos de saque de Struff cuando el set entra en su recta final. Contra Fils resistió una presión enorme y contra Griekspoor se le escaparon justo ahí. Si el partido llega a un tie-break, el alemán ya ha demostrado esta semana que sabe recomponerse en esos momentos, aunque de eso no se puede deducir una ventaja general.
Ya se han enfrentado antes, pero no hay declaraciones recientes que indiquen que aquello pese ahora en la cabeza de alguno. Tampoco está claro si el público se inclinará hacia un lado ni cómo de rápida es la pista este año. Lo que sí está claro es la pregunta: ¿aguanta Djokovic dos días seguidos? Si la respuesta es sí, el ataque de Struff tendrá que ser muy constante. Si es no, Basilea puede volverse una cuesta muy empinada.

Buen partido y buen lector. Falta un toque.










