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28.10en 11 h 1 min
Novak Djokovic Novak Djokovic
Ugo Humbert Ugo Humbert
en 11 h 1 min
Dónde ver el partido Novak Djokovic vs Ugo Humbert
Fuentes para la región:Estados Unidos

Djokovic y Humbert en Basilea: un campeón que vigila su cuerpo y un zurdo que busca terminar lo que empieza

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Basilea abre su cuadro con un cruce de primera ronda que parece más tardío de lo que es: Novak Djokovic, cuarto cabeza de serie con invitación y número 12 del mundo, frente a Ugo Humbert, 38 del ranking. Ninguno de los dos ha pisado todavía la pista cubierta de esta semana en competición. Por eso la intriga no está en los nombres, sino en dos preguntas de otoño: si Djokovic recupera el Djokovic de Pekín y si Humbert, por fin, sostiene lo que empieza bien.

Djokovic: el trofeo de Pekín y la sombra de Shanghái

Pekín fue una resurrección, aunque no un paseo. Ante Bu Yunchaokete dejó escapar varias ocasiones en el segundo set, se salvó en el tie-break y solo despegó en el set decisivo. Él mismo dio valor a esa remontada: aguantó la presión, siguió creando opciones y acabó girando el partido.

La prueba de nivel real llegó contra Alexander Zverev, al que ganó en lo que llamó «probablemente uno de los dos mejores partidos que he jugado este año». Lo explicó con precisión de artesano: saque y primer golpe tras el saque, ataque a la bola corta, subidas a la red y riesgo medido. Remató con buenos juegos al resto al final de los sets, justo donde se deciden las cosas.

El título llegó con la retirada de Alex de Minaur en la final, así que esa última jornada no examinó su resistencia. Djokovic reconoció que había sufrido en tramos del torneo y habló de un impulso de confianza, la prueba de que todavía puede competir en lo más alto. Es una confianza ganada, no regalada, y eso pesa más que el trofeo en sí.

Luego vino Shanghái, y el cielo se nubló. Contra Hubert Hurkacz se le vio sin energía y tocado físicamente tras la carga de Pekín. Hurkacz no solo sacó bien: también mandó desde el fondo y controló casi todo el partido después de salir de un apuro temprano con su saque.

Hay un matiz que conviene no olvidar. En Pekín, Djokovic separó sus problemas de la forma física pura: «no es resistencia», dijo, sino algo «más relacionado con la salud», sin dar un diagnóstico. Antes de Basilea aseguró que ha mejorado mucho, aunque todavía no está donde quiere estar.

Las noticias de esta semana son más amables. Ha entrenado en Belgrado con Dušan Lajović, después con Stan Wawrinka en Basilea, y dice llegar con ganas de competir. Además, la pista cubierta le sienta bien por algo muy concreto: sin calor, sin sol y sin viento, competir le cuesta menos al cuerpo. Lo dice él, no es una suposición sobre su superficie favorita.

Y hay motivos para estar aquí más allá del calendario. El aplazamiento de una exhibición en Arabia Saudí le abrió un hueco, y Basilea le ofrece puntos para la clasificación a las Finales ATP y la posibilidad de igualar los títulos de Roger Federer en el torneo de casa de Federer. Su tono es de pelea: «No se lo voy a poner fácil a los jóvenes».

Humbert: buenos comienzos que se le escapan entre los dedos

Humbert volvió en Tokio después de un parón por problemas en la espalda, y volvió con buena letra. Ganó con comodidad a Brandon Nakashima, que venía jugando fuerte en pista dura, y apenas le concedió opciones. El primer saque le protegía como un tejado en día de lluvia.

El problema apareció después, con un patrón que se repite. Contra Jiří Lehečka arrancó de maravilla, pero el checo fue imponiendo su saque y Humbert dejó de hacer daño al resto. Perdió en tres sets un partido que había empezado mandando.

En Shanghái ante Arthur Géa reaccionó tras perder el primer set, pero el tercero se le fue de forma clara. Hay que decirlo con justicia: Géa vivía una semana de revelación y luego eliminó a Ben Shelton y a Jakub Menšík. Los informes no hablan de lesión ni de cansancio, solo de un bajón competitivo.

Lyon es el aviso más reciente. Contra Corentin Moutet perdió el primer set, empató en un tie-break, entró en un intercambio de roturas y no supo aprovechar que su rival tenía calambres que le afectaban al saque y necesitó atención. Cuando Moutet recuperó el servicio, todo acabó en otro tie-break, y ahí cayó Humbert tras más de tres horas.

De Lyon no salió ninguna lesión nueva, aunque nadie ha certificado que la espalda esté del todo resuelta. Lo que sí retrata ese partido es a un jugador que no se rinde y que alarga los partidos, pero al que le cuesta cerrar la puerta cuando el rival se la deja entreabierta. Su reputación en pista cubierta invita a pensar que aquí florecerá; los resultados recientes piden algo más de prudencia.

El resto de Djokovic contra el saque de un zurdo

El primer capítulo se escribe en los juegos de saque de Humbert. El zurdo saca con ángulos distintos y, cuando el servicio le funciona como contra Nakashima, construye el siguiente golpe con toda la tranquilidad. En Shanghái, Djokovic no demostró tener el resto afinado contra un sacador potente, así que la profundidad de sus primeras devoluciones dirá más que el simple hecho de que se mantenga el saque.

Sería un error dibujar esto como Humbert atacando y Djokovic defendiendo. El mejor Djokovic reciente, el de la noche contra Zverev, fue agresivo: sacó, golpeó la bola corta y terminó en la red. La pregunta es si en Basilea puede mandar él desde el principio o si volverá a vivir de escapar de posiciones incómodas.

Tampoco basta con que Djokovic alargue los peloteos. Lehečka tumbó a Humbert con el saque; Moutet lo hizo con un partido desordenado en el que las ocasiones iban y venían. Lo que importa es que la devolución o la bola neutra obliguen a Humbert a jugar un golpe más con intención, en lugar de dejarle tomar el control con facilidad.

La gestión de los momentos de presión es el factor que más diferencia a los dos. En Pekín, Djokovic pasó de la frustración al ajuste y a una ejecución decisiva al final de los sets. Humbert, en Lyon, ganó un tie-break y perdió el siguiente, con altibajos dentro del mismo partido. Conviene mirar qué hace cada uno tras fallar una ocasión: si vuelve a comprometerse, si se repliega o si acelera sin control.

Si el partido llega a un set decisivo, tampoco dará un veredicto sencillo sobre la resistencia. Lo de Djokovic, según él, va de salud y no de fondo físico; lo de Humbert, de saber terminar. Djokovic llega descansado tras Shanghái pero sin ritmo de partido reciente, mientras que Humbert trae el roce de Lyon de la semana pasada y la tarea de convertirlo en estabilidad.

Alrededor flota la despedida de Wawrinka, que Djokovic quiere ver desde la grada, aunque no hay ninguna certeza sobre hacia quién se inclinará el público en este cruce. Confieso mis dudas: el techo de Djokovic está fuera de discusión, pero su cuerpo todavía le pide explicaciones. La primera media hora, con el resto de Djokovic frente al saque de Humbert, dirá cuál de las dos historias pesa más.

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Djokovic vuelve tras casi tres semanas sin competir y dejó una actuación de poca energía en Shanghái. Ha entrenado bien en Basilea y la pista cubierta le resulta físicamente más favorable, pero eso no asegura que encuentre ritmo al resto desde el primer juego.

Humbert llega con un recorrido irregular, aunque su saque zurdo aún puede sostenerle: firmó 12 aces en su último partido y en Tokio mostró que su juego de ataque sigue funcionando cuando sirve bien. No necesita dominar para alargar un set.

La línea de más de 22,5 juegos puede superarse sin un set decisivo: un tie-break y otro set competido bastarían. A 1,822, pesan también los dos triunfos más exigentes de Djokovic en Pekín, que sumaron 27 y 28 juegos, y los tres últimos partidos completados de Humbert en pista dura, todos por encima de la línea.

El riesgo es que Djokovic, descansado y cómodo bajo techo, imponga pronto su nivel y cierre con marcadores como 6-3 y 6-3; la mala conversión de Humbert puede impedir que apriete el resultado. El saque del francés es la pieza que puede mantener el partido en el margen previsto.

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