Musetti, con poco sueño y mucho ingenio; Fritz, con el saque afinado: final en Lyon
El torneo de Lyon, en pista cubierta, se despide con una final entre dos jugadores que han llegado por caminos muy distintos. Lorenzo Musetti, sexto cabeza de serie y 26 del ranking ATP, ha salido vivo de dos batallas seguidas. Taylor Fritz, segundo cabeza de serie y 14 del mundo, ha avanzado con partidos más contenidos. La intriga cabe en una pregunta: cuánta gasolina le queda a Musetti frente a un rival que saca cada vez mejor.
Musetti, el jugador que aprendió a ganar cuesta arriba
Musetti llegó a Lyon con una preparación interrumpida otra vez. Antes de Shanghái contó que el dedo de la mano ya no le molestaba, pero también que el parón le había costado mucho en lo mental y en continuidad. En el propio Shanghái recibió atención en la rodilla izquierda durante el partido.
Aquella derrota ante Yi Zhou dejó una imagen de jugador listo para competir, pero todavía sin filo. Desaprovechó varios puntos de set seguidos en el tie-break del primer set y encontró una rotura tardía en el segundo. En el set decisivo no supo convertir buenas posiciones al resto. No le pasaron por encima: se le escaparon las ocasiones.
En Lyon, Arnaldi y Kouamé no le complicaron demasiado la vida. Fueron un andamio. Lo revelador llegó después, cuando el viento empezó a soplar de cara.
Contra Van Assche jugó un partido de desgaste de tres horas y media, con juegos de saque eternos y muchos iguales. Se llevó el primer tie-break con un toque precioso en la red y perdió el segundo por no aprovechar sus opciones al resto. En el set decisivo se vio con una rotura en contra, la recuperó y acabó remontando una ventaja amplia de Van Assche en el último juego al saque del belga.
Ese partido dejó un primer saque cada vez más fiable al final, pero también fatiga visible y visitas del fisioterapeuta. Terminó tan tarde que Musetti pidió permiso para usar el teléfono en plena pista. Se le acercaba la hora del aviso de localización antidopaje, un simple recordatorio de agenda. La anécdota tiene su gracia, aunque sobre todo cuenta lo poco que pudo descansar.
La semifinal ante Cobolli fue más alentadora por cómo reaccionó que por cómo empezó. Cobolli mandó en el primer set con el saque y subiendo a la red. Musetti respondió con más profundidad, ángulos más cerrados y cambios de ritmo. Puso a correr a su rival y el drive de Cobolli empezó a fallar.
Al saque para seguir vivo, salvó cuatro bolas de partido, rompió justo después y cerró con autoridad: saque, derecha y volea. Lo resumió sin adornos: «He luchado hasta el final». La Gazzetta destacó su paciencia, su talento y su serenidad.
Hay un matiz que conviene no perder de vista. Musetti está convirtiendo su variedad en un arma ofensiva bajo techo, pero la confianza le llega a base de escapadas dramáticas, no de partidos dominados en el marcador. Y él mismo puso el dedo en la llaga: «Ojalá pueda recuperarme bien y dormir unas horas. Anoche no dormí mucho».
En su entorno, se ha publicado que Gianluca Mager podría sumarse al equipo junto a Simone Tartarini. Mager ya tiene un vínculo familiar con Musetti. Su papel concreto y la duración del acuerdo no están confirmados, así que por ahora es una historia paralela, no la explicación de su mejoría. Lo que sí está sobre la mesa es la ocasión de cortar una larga sequía de títulos.
Fritz y el saque que vuelve a sacarle de apuros
Las semanas previas de Fritz no fueron malas, pero sí accidentadas. En la Laver Cup aguantó de tú a tú a Alcaraz desde el fondo, remontó un set en contra y tuvo opciones de ganar antes de caer en el super tie-break. Su diagnóstico fue claro: el fondo de pista estaba bien, pero el saque tenía que darle más puntos gratis.
Las dudas para cerrar partidos venían de atrás. En el US Open arrancó dominando a Cerúndolo con el saque y la derecha, pero perdió el mando cuando el argentino se asentó. En el set decisivo dejó pasar una ocasión clara al resto.
En Tokio, ante Munar, el calor le afectó y necesitó asistencia médica después de ganar el primer set. Sería injusto leer aquello como un problema de tenis, y tampoco hay motivo para arrastrarlo como una dolencia actual. En Shanghái, ante Tsitsipas, el final se enredó de forma casi cómica. Se le cayeron bolas del bolsillo en puntos seguidos y hubo una revisión en vídeo por un let. Fritz aceptó la decisión y siguió jugando.
Lyon le ha devuelto la claridad. Ante Herbert impuso su ritmo enseguida y, cuando el francés mejoró en el segundo set, encontró la rotura justo antes del tie-break. En ese partido sufrió una caída, pero siguió moviéndose y sacando sin problemas aparentes.
La semifinal ante Paul, ganada en dos sets, fue más exigente de lo que dice el marcador. Al saque para seguir en el segundo set, Fritz afrontó varios puntos de set seguidos. Los borró a saques y, acto seguido, rompió a Paul. No fue un día plácido al servicio, sino una lección de cómo gestionar la presión.
Tampoco vivió solo del saque. Hubo peloteos potentes, buenos passings y una soltura poco habitual en la red, voleas de toque incluidas. «Creo que fue un nivel altísimo», dijo tras alcanzar la vigésima cuarta final de su carrera.
Fritz tiene, además, un objetivo muy concreto: pelear por la clasificación para las Finales ATP de Turín y arreglar su posición de final de temporada. «Cuando tengo un objetivo muy claro, me resulta fácil motivarme», explicó. No ha venido a Lyon de paso.
La final se juega en el segundo golpe del resto
El duelo central es el saque de Fritz contra el resto de Musetti. El propio Musetti reconoció que devolverle el servicio es complicado. Ante Paul se vio por qué: incluso apretado, Fritz resolvía los juegos de golpe con el saque.
Para Musetti no basta con meter la bola en pista. Lo decisivo es no quedar a la defensiva en el golpe siguiente.
Su remontada ante Cobolli marca el camino: primero profundidad, después fantasía. Las dejadas y los cambios de ritmo le funcionaron cuando su rival ya no podía asentar los pies. Si Musetti juega corto y sin intención, Fritz tendrá todo el tiempo del mundo para pegar.
Tampoco sirve como receta automática obligar a Fritz a subir. Esta semana ha voleado bien y ha improvisado con acierto en la red. Contará más la calidad y el disimulo de la bola corta que el simple hecho de atraerlo hacia delante.
Los peloteos largos son un arma de doble filo para Musetti. Le dan espacio para cambiar alturas, direcciones y ritmos, pero también le exigen más a quien acumula más horas en pista. La duda es si su variedad le abrirá huecos rápidos o solo le hará sudar más para seguir en el punto.
En lo mental, la balanza no se inclina sola hacia un lado. Musetti ganó su último duelo esta temporada, y la prensa de Lyon lo ha recordado. Eso le da un apoyo real, aunque nadie ha hablado de revanchas ni de miedos.
Musetti llega a esta final con el hábito de levantarse tras cada golpe. Fritz, con el de salvar los apuros al saque y morder justo después. El público, que llenó el pabellón en semifinales y al que Fritz elogió por su ambiente, no parece tener un favorito claro.
Si tuviera que señalar una sola clave, sería la recuperación de Musetti. Que llegue fresco o no es algo que nadie puede asegurar todavía. Con piernas, su ingenio puede incomodar a cualquiera. Sin ellas, el saque de Fritz convierte cada juego en una pequeña cuesta.

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