Guadalajara, 15 de septiembre: Stephens vuelve a su casa mexicana y Bejlek se mide al saque más brutal del cuadro

La segunda ronda de Guadalajara llega con cuatro partidos que no se parecen en nada, y eso es lo que la hace apetecible. Hay una excampeona del torneo que aún está aprendiendo a confiar en su pie derecho, una jugadora de 20 años que este verano ganó a Aryna Sabalenka y a Madison Keys en la misma semana, una francesa que aterrizó en México casi por casualidad y se fue con el título de Monterrey, y una estadounidense que pega la pelota como si el punto le debiera dinero.
La altitud de Guadalajara premia al que golpea primero y castiga al que duda, así que el guion cambia según la hora: los dos primeros partidos son ejercicios de paciencia y los dos nocturnos, más abiertos de lo que sugieren los rankings. Ordeno la jornada por el reloj y me detengo donde el relato aguanta:
- 19:00 — Cristina Bucsa — Panna Udvardy
- 20:30 — Alycia Parks — Sara Bejlek
- 23:00 — Diane Parry — Peyton Stearns
- 00:30 — Sloane Stephens — Janice Tjen
Horario en UTC.
Cristina Bucsa — Panna Udvardy
Hace apenas un mes estas dos se vieron en Cincinnati y el partido tuvo la forma de una tormenta de verano: Bucsa arrancó arrolladora con un 6-2, se desdibujó por completo en el segundo set y aun así encontró la manera de cerrar el tercero, 7-5. Es el segundo duelo entre ambas y la española manda 2-0, aunque el primero, un 6-0 6-3 en Obidos en 2018, pertenece a otra época y a una pista de moqueta que ya casi no existe.
Bucsa llega con una tranquilidad que se le nota en las decisiones. Contra Bianca Andreescu no intentó ganar el partido a golpe de valentía: mantuvo la bola en pista, defendió sin aspavientos y obligó a la canadiense a atacar desde posiciones incómodas hasta firmar un 6-4 6-3 muy ordenado. Viene además de un US Open que le dio crédito: sobrevivió a un maratón con Himeno Sakatsume, 7-6(6) 6-7(0) 7-6(6), y perdió con Cori Gauff sin esconderse, 3-6 4-6. México, con el doblete de Mérida en la primavera, se le ha convertido en un lugar amable. Tras ganar a Andreescu avisó de lo obvio: «Ahora toca recuperarme y prepararme, mental y físicamente para la siguiente batalla» (Guadalajara Open).
El problema de Udvardy es que ya ha trabajado demasiado. Sacó adelante un partido de más de dos horas y media contra Loïs Boisson, 6-4 6-7(6) 6-2, después de fallar la oportunidad de cerrarlo antes, y luego se metió en un dobles que perdió. Su mérito fue no quedarse enganchada en el disgusto del tie-break y salir enchufada al set decisivo. Pero la tierra sigue siendo su casa y el hormigón no: este año su balance en pista dura es pobre, tres victorias en once partidos, mientras que en tierra se mantiene por encima del 55%.
Me cuesta ver otra cosa que un partido controlado por Bucsa, que cubre mejor la pista y pasa de la defensa al contraataque sin pedir permiso. El −3.5 en juegos no me parece descabellado, aunque Udvardy tiene la costumbre de robar un set cuando le dejan pisar la pista por delante; si eso pasa, el total se va por encima de los 21.5 y el desgaste húngaro decidirá el tercero.
Alycia Parks — Sara Bejlek
Este es el choque de estilos más violento del día. Parks, 185 centímetros, puede quitarle a cualquiera el derecho a jugar el punto si le entra el primer golpe tras el saque; Bejlek, zurda, bajita de centro de gravedad y rapidísima de pies, vive de obligar a la rival a golpear una pelota más, y luego otra, casi siempre desde un sitio incómodo.
El historial es corto pero apunta en una dirección: Bejlek ha ganado los dos duelos, el más reciente en Praga en julio de 2025 por 7-6(9) 6-3, tras un primer set que se decidió por dos puntos. Su verano en pista dura fue de otro planeta: ganó a Ekaterina Alexandrova, a Madison Keys 3-6 6-4 7-6(5) y a Sabalenka 7-6(7) 6-4, con una fórmula que ella misma resume sin adornos: «Simplemente sigo creyendo» (WTA). Ese tramo se cortó en el US Open, donde cayó precisamente con Bucsa, 5-7 6-4 1-6, y llega aquí sin haber jugado el primer turno.
Parks, en cambio, ya ha sufrido en esta pista. Contra Varvara Lepchenko empezó espléndida, se derrumbó en el medio y terminó rescatando el partido 6-3 1-6 7-5 a base de dejar de precipitarse y volver a golpear profundo. Ese perfil irregular es el suyo de siempre, y las casas lo tienen clarísimo: la checa sale a 1.288 y la estadounidense a 3.77. Ahí está la única duda que me interesa: la altitud de Guadalajara es el mejor aliado posible de un saque como el de Parks, y su primera bola puede desarmar cualquier construcción defensiva.
No me atrevo a cerrarlo. Bejlek es la más fiable de las dos y la que mejor sobrevive a los cambios de inercia, pero el partido depende de un detalle que Parks controla y suele desatender: no intentar acabar cada punto en el segundo golpe. Si lo consigue, esto se va a un set decisivo y el −4.5 de la checa queda muy lejos; si no, la veo ganar en dos sets ajustados.
Diane Parry — Peyton Stearns
Curioso que las líneas prefieran ligeramente a Stearns cuando Parry es la mejor clasificada de las dos y la campeona más reciente en suelo mexicano. Supongo que pesan la adaptación de la estadounidense y la posibilidad de que la francesa salga con óxido: entró directamente a esta ronda y no compite desde el US Open. No hay precedentes entre ellas, así que todo se juega en el terreno de los estilos.
Parry atraviesa el mejor tramo de su carrera adulta y la final de Monterrey lo explicó bien: empezó brillante, se le cayó el ritmo entero por el medio y acabó ganando porque volvió a fiarse de su derecha en el momento en que era más fácil esconderse. Su tabla de resultados del verano es la de alguien que ya no teme a nadie: 6-3 7-5 a Clara Tauson, 7-6(7) 6-4 a Ann Li, 6-4 0-6 6-3 a Elise Mertens. Sobre su semana de Monterrey lo dijo con una sonrisa desarmante: «Vine aquí casi sin nada» (WTA). La novedad, y no es menor, es que ahora se espera de ella.
Stearns firmó contra Emiliana Arango su partido más limpio en semanas, 6-3 6-2, y lo importante fue el detalle: cuando la colombiana intentó reengancharse en el segundo set, ella no se puso nerviosa, cargó de peso la derecha y cerró al saque. Eso no había ocurrido en agosto, cuando perdió dos veces partidos que dominaba, incluido el 6-7(7) 6-1 5-7 con Tauson. Su arma natural aquí es el bote alto contra el revés cortado a una mano de Parry, un golpe precioso que se vuelve frágil por encima del hombro.
Creo que gana quien imponga la geometría, y ahí me inclino muy levemente por Parry: decide mejor en los peloteos largos y el bote mexicano le permite cortar y abrir ángulos cortos con tiempo. Espero un partido largo, de esos que se resuelven en el tercero, con el más de 21.5 juegos como escenario más lógico y el hándicap de un juego prácticamente decorativo.
Sloane Stephens — Janice Tjen
La historia del día es esta, aunque el ranking diga otra cosa. Stephens gana en Guadalajara con invitación y a los 33 años, pero aquí levantó un título y aquí acumula cinco victorias por cuatro derrotas, así que el público no la trata como a una jugadora de la posición 169. Su primera ronda fue un ejercicio de oficio: contra Carole Monnet mandó casi todo el primer set, se dejó llevar en el segundo y acabó ganándolo 6-4 7-6(5) sin acelerar, simplemente recuperando la profundidad y esperando a que bajara la marea emocional de la rival.
Lo que sostiene su año no es el brillo sino la terquedad. La fractura por estrés en el pie derecho le borró casi una temporada, rechazó la cirugía y eligió el camino lento; su propio resumen es honesto hasta la gracia: «Ha sido una vuelta accidentada. Ha sido una vuelta llena de acontecimientos» (US Open). En Nueva York ganó a Tauson 6-4 6-1 leyendo el partido mejor que nadie y luego hizo trabajar de verdad a Marta Kostyuk. La resistencia acumulada, en cambio, sigue siendo una incógnita, y ha pasado más tiempo en pista que su rival.
Tjen es el personaje más raro y más atractivo del cuadro. Su 2025 en pista dura fue casi irreal, setenta y dos victorias, y aunque este año el balance se ha normalizado, la superficie sigue siendo su idioma materno: «Crecí en pista dura… estoy muy, muy contenta de volver por fin a ella» (WTA). Contra Darja Vidmanova le costó abrir la puerta, pero ganó el primer set en el tie-break y desde ahí se soltó: cambió alturas, metió cortadas, pisó dentro de la pista y firmó un 7-6(6) 6-2 en hora y media. Un día extra de descanso, además.
Pongo a Tjen ligeramente por delante: está más fresca, es más regular ahora mismo y su variedad es exactamente lo que saca a Stephens de su rincón favorito, dos metros detrás de la línea de fondo. Dicho eso, la indonesia complica partidos que tiene ganados, y si se vuelve pasiva, Sloane se hace dueña del ritmo sin levantar la voz. Lo veo en dos sets apretados o en tres, y el más de 21.5 juegos me parece el lado cómodo.
El pie de Stephens, la fe de Bejlek y una francesa con título nuevo
Tres preguntas me llevo a la noche de Guadalajara. Si el pie de Stephens aguanta un partido de peloteos incómodos contra alguien que cambia la altura cada bola; si Parks es capaz de sostener durante dos sets el nivel de saque con el que rescató el primer turno; y si Parry soporta el peso nuevo de ser la favorita en un país donde hace dos semanas nadie la esperaba. El partido de Bucsa es el más previsible sobre el papel, pero el cansancio de Udvardy tiene una manera curiosa de aparecer tarde, justo cuando el marcador dice otra cosa.
Yo miraría sobre todo el duelo de Parks y Bejlek, porque es el que huele a sorpresa, y me quedaría despierto para la variedad de Tjen contra el instinto de Stephens. Los números finos —cuotas, valor, escenarios— son cosa de los tipsters de IA en las páginas de cada partido; aquí me conformo con contar por qué estos cuatro cruces merecen la tarde.

Yo veo partidos horas. A usted le basta un gesto.