WTA Valencia, 15 de septiembre: Trevisan vuelve a casa y Romero Gormaz la espera en su tierra

El martes abre el cuadro femenino de Valencia, y la primera ronda llega con un reparto de personajes que le viene muy bien a un torneo sobre tierra: dos zurdas que se conocen de otra vida, una excampeona que hace un año apenas podía caminar sin dolor, una jugadora de casa a la que su entrenador describe como pura fantasía y una francesa que estuvo siete meses sin tocar la raqueta. No hay grandes nombres del circuito, pero hay historias, y en este nivel eso suele traducirse en partidos largos y desordenados.
Me interesa sobre todo el choque de identidades entre Leyre Romero Gormaz y Martina Trevisan, y el pulso más equilibrado de la jornada, Oksana Selekhmeteva contra Nastasja Mariana Schunk, el único emparejamiento del día con un precedente. Repaso estos cuatro, por orden de aparición en pista:
- 08:00 — Clara Burel — Aran Teixido Garcia
- 11:00 — Oksana Selekhmeteva — Nastasja Mariana Schunk
- 12:30 — Leyre Romero Gormaz — Martina Trevisan
- 14:00 — Angela Fita Boluda — Yasmine Kabbaj
Horario en UTC.
Clara Burel — Aran Teixido Garcia
La jornada arranca con el partido más desigual sobre el papel y, aun así, con una trampa clásica: una jugadora con peso de circuito contra una clasificada que ya lleva dos partidos ganados en estas pistas. Aran Teixido Garcia superó a Tessa Johanna Brockmann remontando un primer set perdido (2-6, 7-5, 6-2) y después despachó a Diletta Cherubini por 6-4 y 6-0, sin gastar de más. Ha corrido, ha deslizado y sabe cómo bota la bola aquí; Burel empieza de cero.
El trasfondo de Clara Burel es el de una reconstrucción. Pasó por el quirófano tras romperse el ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha y luego se lesionó el antebrazo, y ella misma resumió el agujero: «No toqué la raqueta durante… siete meses» (Tennis Actu). Este año ya acumula 26 partidos en tierra con más victorias que derrotas, ganó un torneo menor y llegó lejos en Montreux, donde cayó con Guiomar Zuleta De Reales por 3-6, 6-1 y 1-6 en un partido que se le fue de las manos justo cuando parecía suyo.
Ahí está mi duda. Burel golpea más pesado y su ranking, alrededor del puesto 300, dice poco de lo que fue; Teixido Garcia, algo por detrás, viene de un curso irregular en tierra y de cuatro finales perdidas este año, un detalle que habla de una jugadora que llega a la orilla y se queda mirando. Pero el calendario de Burel está apretado y los cambios de dirección seguidos son la prueba más honesta para una rodilla operada.
Creo que Burel gana, y que su golpe más limpio acaba marcando la diferencia en cuanto entre en ritmo. Lo que no compro es el paseo que dibuja la línea: con la clasificada ya rodada y la francesa estrenándose, me parece más probable un primer set peleado y un partido con algún juego de más que el hándicap de siete que le cuelgan.
Oksana Selekhmeteva — Nastasja Mariana Schunk
Dos zurdas de 23 años, las dos con un tramo de carrera robado por el hombro, y un único antecedente que además pertenece a otra época: Schunk ganó en los cuartos de Wiesbaden en mayo de 2022, sobre tierra, por 7-5 y 6-4. Es poco para sostener una tesis, pero no es nada: aquel día ya fue capaz de aguantar los peloteos largos y devolver la bola una vez más.
Selekhmeteva llega con el mejor ranking del cruce, cerca del top 100, y con la cabeza todavía en Nueva York. Superó a Aoi Ito con paciencia (6-2, 6-4) y después Kamilla Rakhimova le quitó el tiempo por completo: 6-3 y 6-0, sin un solo tramo en el que ella mandara. Su tierra de este año, en cambio, es un asunto delicado, con muchas más derrotas que victorias, justo lo contrario de lo que le ocurría la temporada pasada. Habla con gracia de su cortado a dos manos: «Dicen que parece que estoy cortando algo, como un jamón aquí en España… A veces, para cambiar el ritmo, viene bien. Me gusta jugar agresiva» (WTA).
Schunk vive el año inverso: su arcilla de 2026 es su mejor superficie con diferencia, dos títulos incluidos, y ya ha jugado dos veces aquí. La primera se resolvió con la retirada de Ekaterina Kazionova; la segunda fue un 7-6(3) y 7-5 contra Dalila Jakupovic con los dos sets sin resolver hasta el final. De ese hombro habla sin adornos: «Durante meses no pude jugar al tenis, ni siquiera podía levantar el brazo» (tennis.de).
La clave, a mi juicio, es quién lleva la iniciativa. Si Selekhmeteva usa el cortado como variación dentro de un plan agresivo, gana; si se convierte en un recurso defensivo, Schunk la hará jugar una bola neutra más y otra, y ahí las piernas alemanas están calientes. El precio favorece a la española, y no me convence del todo.
Espero un partido largo, con roturas de servicio en las dos direcciones y un set decisivo bastante probable; el más de 20.5 juegos me parece la lectura más razonable, y el hándicap de un set y medio para Selekhmeteva, un exceso de confianza. Si Schunk paga el desgaste de la clasificación, el favoritismo tendrá sentido; si no, esto se va muy largo.
Leyre Romero Gormaz — Martina Trevisan
Aquí está el partido del día. Una valenciana zurda con manos contra otra zurda que ya levantó este torneo, doce años mayor, que volvió de una operación de pie y que hasta hace poco se conformaba con caminar sin dolor. Trevisan lo contó así: «Cada día me siento un poco mejor y mi cuerpo reacciona como debe… Ya no tengo ese dolor que hacía difícil incluso despertarse por la mañana, simplemente andar» (Clay Tenis).
Romero Gormaz vuelve a casa sin inercia. En Antalya sobrevivió a Berfu Cengiz en un partido interminable (6-7(8), 7-5, 7-6(6)) y después perdió con Alevtina Ibragimova por 5-7 y 1-6: primer set competido, y en cuanto se le escapó, la resistencia se fue con él. Su año en tierra es sólido, casi dos de cada tres partidos ganados, y su entrenador José Luis Aparisi explicó de dónde sale el encanto: «Leyre es especial… te puede hacer una dejada, un angulito, una pelota alta, muchos cambios de velocidad y siempre con algo de magia» (Eurosport).
Trevisan tiene el ranking hundido cerca del puesto 314, pero su temporada de tierra ha sido de reconstrucción real: 22 victorias y 14 derrotas, arrolladora cuando la bola le entra —6-1, 6-0 a Julia Stusek— y frágil cuando el partido se alarga, como en Montreux, donde ganó a Jennifer Ruggeri entre bandazos (7-5, 0-6, 6-4) y cayó con Zuleta De Reales en tres sets y tie-break final. La italiana no tiene misterio táctico: derecha zurda con mucha forma sobre el revés rival, intensidad y peloteos físicos.
La presión, curiosamente, cae sobre la de casa. Romero Gormaz no puede permitir series de golpes cruzados a media altura, porque ese es el terreno favorito de Trevisan; necesita ángulos cortos, alturas cambiantes y dejadas cuando tenga a la italiana detrás de la línea. La incógnita es cuánto aguanta el pie de Trevisan cuando los puntos se acumulan.
El mercado está prácticamente partido y me parece justo. Me inclino mínimamente por Romero Gormaz por el ambiente y por la cantidad de recursos que tiene para desordenar a una jugadora de patrón fijo, pero lo veo como un partido de tres sets, con el más de 21.5 juegos como escenario natural. Si Trevisan encuentra la pierna y la derecha a la vez en el primer set, entonces el favoritismo cambia de lado en veinte minutos.
Ángela Fita Boluda — Yasmine Kabbaj
Otra valenciana, esta con oficio de tierra acumulado a paladas: casi cincuenta partidos en arcilla este año y un 64% de victorias. Ángela Fita Boluda llega de la clasificación del US Open, donde ganó a Lin Zhu (6-4, 7-6(7)) y estuvo a un puñado de puntos de tumbar a Heather Watson antes de caer 4-6, 7-5 y 6-7(5). Después, en tierra, un 3-6 y 1-6 con Andrea Lázaro García que enfría bastante el cuadro.
Lo interesante de Fita es que compite sin dolor por primera vez en mucho tiempo. «Ahora llevo desde el año pasado con esta regularidad, feliz de estar aquí y de haber encontrado el camino para estar sana», dijo sobre la rodilla que la perseguía (Punto de Break), y añadió algo que explica su actitud: «Iré a competir a muerte… Si estoy aquí es porque tengo las mismas posibilidades que la que está enfrente».
Enfrente, Yasmine Kabbaj, 22 años, la jugadora que este curso ganó su primer partido en el cuadro grande de Rabat, en casa, y lo explicó con una madurez llamativa: «Conseguí controlar mis emociones y gestionar tácticamente el partido» (CSport). Su tierra de 2026, sin embargo, no acompaña al relato: menos de la mitad de partidos ganados, y una última derrota con Cagla Buyukakcay desde 6-2 arriba (4-6, 2-6) que sugiere que el depósito se vacía cuando el partido pasa de la hora y media.
Fita debería alargar los peloteos, jugar con altura y profundidad, y atacar solo después de provocar la bola corta. Si se vuelve pasiva, Kabbaj tiene golpes para entrar a la pista y mandar. La cuota, en todo caso, no regala nada por la española.
Me quedo con la lectura sencilla: Fita Boluda está más rodada en tierra, juega en su ciudad y viene de demostrarse cosas en Nueva York. Espero que gane, aunque no de forma plácida: un set repartido, un segundo en el que Kabbaj se resienta físicamente, y un hándicap de tres juegos y medio que se antoja ajustado para lo que puede durar esto.
Cuatro zurdas, dos rodillas y una excampeona que vuelve a Valencia
De este primer martes me quedan tres preguntas. Si el pie de Trevisan soporta un partido físico contra una jugadora que le va a cambiar el ritmo cada dos golpes; si Selekhmeteva es capaz de volver a mandar en la tierra después de un verano de pistas rápidas y un 6-3, 6-0 humillante en Nueva York; y si la rodilla de Burel ya no aparece en su cabeza cuando le toque frenar y arrancar por tercera vez en el mismo punto.
Yo miraría con calma el Romero Gormaz — Trevisan, porque ahí hay dos maneras de entender la tierra batida y las dos son buenas. Y para los números finos —cuotas, hándicaps, totales— están los tipsters de IA en las páginas de cada partido, que entran en el detalle que yo aquí solo insinúo.

Escrito despacio. Puntúelo despacio. Sin prisa.